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¡Virgen de la Caridad, cúbrenos con tu manto!

Homilía del Arzobispo Wenski en la fiesta de la Virgen de la Caridad 2020

El arzobispo Thomas Wenski fue el principal celebrante y homilista de la celebración anual de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distante.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El arzobispo Thomas Wenski fue el principal celebrante y homilista de la celebración anual de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distante.

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante la celebración de la fiesta de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba, que tuvo lugar el 8 de septiembre de 2020 en la iglesia St. Michael the Archangel, en Miami.

Queridos hermanos y hermanas,

Un año más nos reunimos para celebrar la fiesta en honor de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre como venimos haciendo los últimos 59 años, desde que su venerada imagen llegó a nuestra ciudad acompañando a sus hijos, atribulados pero llenos de esperanza, en busca de libertad. Hermoso gesto del compromiso de amor que María siente por sus hijos. Ella camina a nuestro lado, y en los momentos de gozo, o en las situaciones más difíciles, nos ofrece su intercesión y el regalo que lleva en sus brazos: al Verbo Encarnado. Y así lo ha venido haciendo por cuatro siglos, desde que fue hallada en el mar su imagen bendita.

Desde de la Bahía de Nipe hasta el Cobre, y desde el Cobre hasta los hogares y corazones de los cubanos, la Virgen de la Caridad ha acompañado siempre a sus fieles, en sus luchas, triunfos y fracasos. Su medalla y su milagrosa protección acompañó a los mambises en cada batalla por la libertad de Cuba, y su bendito nombre quedó impreso para siempre en sus mentes y corazones. No es de extrañar, entonces, que fueran precisamente aquellos veteranos de la Guerra de Independencia quienes solicitaran del Santo Padre en el 1915, su proclamación como Patrona y protectora de la joven nación que recién surgía.

Un día como hoy de 1961 llegó también a estas tierras como una exiliada más, y en las manos de un refugiado. Llegó justo a tiempo para la Santa Misa junto a miles de cubanos, sorprendidos y emocionados ante el gran regalo del cielo. Y aquí también se quedó, en su Ermita junto al mar, para prodigar amor y esperanza, para acoger al recién llegado, para consolar al enfermo y reanimar al que sufre nostalgia. Y en su querido santuario abrió los brazos a todos, y con el paso del tiempo, también a miles de fieles provenientes de Venezuela, de Nicaragua, de Colombia y de cada rincón de Hispanoamérica que con devoción le imploran, y agradecidos la veneran.

El arzobispo Thomas Wenski reza durante la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia de COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distanciada. A la derecha está el maestro de ceremonias del arzobispo y director de la Oficina de Culto, el P. Richard Vigoa.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El arzobispo Thomas Wenski reza durante la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia de COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distanciada. A la derecha está el maestro de ceremonias del arzobispo y director de la Oficina de Culto, el P. Richard Vigoa.

Porque esa es la misión de María en todo tiempo y lugar: acompañar con su intercesión maternal nuestro paso por este mundo; guiarnos con su ejemplo y acercarnos a Jesús. Ser nuestra protección y auxilio en las peores y más difíciles situaciones que nos toca vivir. Por eso, un día como hoy y en medio de circunstancias tan singulares, queremos también implorar su intercesión y ayuda en este tiempo convulso para todo nuestro mundo. De manera particular, por esta gran nación, por nuestra sociedad, azotada como nunca por una triple crisis, en la que convergen la emergencia global a causa de la pandemia, las desastrosas consecuencias económicas que esto trae consigo para millones de familias, así como los violentos disturbios en algunas ciudades y el incremento notable de un extremismo ideológico, que a muchos recuerda la experiencia totalitaria que un día los llevó a buscar refugio en tierras de la libertad.

Es en este contexto que celebramos la fiesta de la Virgen de la Caridad en el sur de la Florida, en tantos otros lugares, y a lo largo y ancho de toda Cuba. Por eso, y donde quiera que nos encontremos, aprovechemos la ocasión para renovar esa fe y esperanza que ha distinguido siempre a los devotos de Cachita. Por supuesto que también son extremadamente difíciles las circunstancias en que los cubanos de la Isla celebran este año a su Patrona. Las mismas dificultades económicas y falta de libertad, ahora agravadas por una pandemia. Y hoy, más que nunca, deberíamos recordar a todos, a los de adentro y a los de afuera, las sentidas palabras que aquellos veteranos mambises dirigieron al Papa, al pedir que la nombrara Patrona de Cuba:

"No pudieron los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen venerada. Antes, al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen, cubana por excelencia”. (Carta de Petición de los Veteranos al Papa Benedicto XV, 1915).

Son palabras inspiradas que nos ayudan a no desfallecer en el combate de la fe y de la libertad plena; a renovar la confianza en Dios y en el poder intercesor de esa Madre amorosa que nos protege siempre bajo su sagrado manto. Ella nos recuerda con su vida y obras que no hay camino más seguro hacia la libertad verdadera que acoger el Evangelio, vivir el Evangelio, y proclamar el Evangelio. Como en las bodas de Caná, María sigue diciéndole a Jesús: hijo, los cubanos, necesitan del vino de la esperanza, de la libertad y del amor; necesitan regresar a los valores del espíritu para que las frustraciones, el tiempo y la distancia no les amarguen el corazón.

La vida de María puede resumirse con cuatro palabras latinas que se encuentran en los Evangelios. La primera palabra es "Fiat", este es el "sí" de María a la propuesta que Dios le hizo a través del ángel Gabriel. La segunda palabra es "Magnificat" – "mi alma magnifica al Señor", como una traducción lo representa.

"Magnificat" describe entonces la respuesta de María a la gracia de Dios en el trabajo en su vida. Entonces, una tercera palabra, "Conservabat" — María guardaba todas estas cosas reflexionando sobre ellas en su corazón; y una última palabra, "Stabat", que la describe de pie fielmente al pie de la cruz viendo morir a su Hijo por la humanidad.     

Fiat, Magnificat, Conservabat, Stabat: La vida de María en pocas palabras. Estas palabras también establecen un modelo a seguir en nuestra propria vida

Nosotros también estamos llamados a decir "Sí" al plan de Dios para nuestra vida, y nuestra respuesta a ese plan vivido concretamente en nuestra vida también debe "magnificar al Señor". Nosotros también debemos mantener viva la Palabra en nuestros corazones meditando en las cosas que Dios ha hecho por nosotros; y estar con Cristo, especialmente para estar con él en los pobres, los que sufren, los perseguidos.

Cuantas veces hemos cantado las estrofas del himno nacional cubano como una manifestación de cubanía y amor a la patria y también como la oración sentida de un pueblo oprimido: “A las armas valientes corred”.

Pero, hermanos y hermanos, que recordemos que el combate por la libertad de Cuba es ante todo un combate espiritual.  Pues, no pueden caer las cadenas de las manos si no han caído primero las cadenas del corazón. Y la Virgen de la Caridad nos llama a coger el arma de la oración, el arma del rosario, esa arma muy poderosa que nos ha confiado la Madre de Jesús y que el muy recordado Monseñor Agustín Román nos enseñó a rezar.

“¡A las armas, valientes, ¡corred!” Desde la Ermita, bajo el manto de la Virgen, sigamos en ese combate espiritual rezando sin tregua para Cuba y su pueblo.

“¡A Jesús por Maria, la caridad nos une!” A pesar de las amargas divisiones, los cubanos siguen siendo un solo pueblo. Y así, unidos en la caridad, recemos por todos los cubanos dondequiera que se encuentren. Y que no dejemos de recordar los que están varados en México y otros lugares.

Dejémonos por un lado el miedo que nos paraliza, la soberbia que nos divide y el odio que nos destruye.

Repitamos la misma jaculatoria que rezaban los mambises: ¡Virgen de la Caridad, cúbrenos con tu manto! Si, cúbrenos con tu manto para que Cuba sea patria de todos y para todos donde convivan la justicia y la libertad en un clima de serena fraternidad.

Hermanos y hermanas, que, al participar de esta Santa Misa, siendo nutridos por la Palabra que salva y el Pan que da la vida eterna, seamos renovados en el Espíritu para que ninguna tormenta de las que azotan nuestras vidas, a nuestras familias, y a nuestros pueblos, pueda nunca apagar la fe en el único que puede salvarnos, Jesucristo, el hijo de María Virgen, el Señor de cielo y tierra. Que esta misma fe nos ayude a decir siempre, y especialmente en las actuales circunstancias:

¡Virgen de la Caridad, ruega por nosotros!

¡Virgen de la Caridad, cúbrenos con tu manto!

¡Virgen de la Caridad, bendice a los Estados Unidos, y salva a Cuba!

El arzobispo Thomas Wenski predica la homilía en la celebración anual de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia de COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distante. Los fieles pudieron saludar a la patrona de Cuba conduciendo frente a la iglesia durante dos horas antes de la misa.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El arzobispo Thomas Wenski predica la homilía en la celebración anual de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, el 8 de septiembre de 2020, que debido a la pandemia de COVID-19 tuvo lugar en la iglesia de St. Michael en Miami con una asistencia reducida y socialmente distante. Los fieles pudieron saludar a la patrona de Cuba conduciendo frente a la iglesia durante dos horas antes de la misa.


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