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El Señor nos sigue enviando como profetas de esperanza

Homilía del Arzobispo Wenski durante reunión en SEPI con directores de ministerios a los hispanos

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía en el SEPI (Southeast Pastoral Institute/Instituto Pastoral del Sureste) durante una reunión con los directores de ministerios hispanos del sureste de los Estados Unidos. La Misa se celebró el 23 de mayo de 2022.

Hermanos y hermanas,

Es un motivo de gran alegría poder celebrar juntos la Santa Misa durante este encuentro de líderes del Ministerio Hispano en el Sureste de los Estados Unidos. Es también una oportunidad para brindarles a todos ustedes la más fraternal bienvenida en nuestra Arquidiócesis de Miami. Demos gracias al Señor por reunirnos una vez más en torno a su altar, y pidámosle con fe que siendo iluminados por su Palabra y alimentados con su propio cuerpo y sangre, seamos renovados y fortalecidos en la misión que él nos ha querido confiar.

Somos conscientes de los retos que enfrentamos para llevar el mensaje de salvación en medio de nuestras comunidades, así como de las múltiples dificultades que nos presenta la realidad actual, marcada por el temor a las consecuencias impredecibles de la guerra, y al mismo tiempo, por una situación económica que tiende a agravarse, junto a las secuelas de una pandemia que ya se ha extendido demasiado sin hablar de la triste situación migratoria que debe preocuparnos a todos.

Y, sin embargo, frente a estos y otros tantos desafíos, al igual que a Pablo y Bernabé en la primera lectura, el Señor nos sigue enviando como profetas de esperanza, para que guiados por su Espíritu Santo continuemos proclamando su Palabra a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

La primera lectura que hemos escuchado nos recuerda la predicación del Apóstol Pablo en la ciudad de Filipos. Se trata un momento de especial significado para la proclamación del mensaje cristiano y sus valores fuera de los límites de la cultura hebrea. Y es que ser misionera constituye la esencia de la Iglesia desde sus mismos orígenes. Sólo anunciando el mensaje de salvación a todo pueblo, raza y nación es que encuentra la Iglesia de Jesucristo su verdadera razón de ser.

Nosotros hoy, al igual que aquellos primeros discípulos, también podemos encontrar oposición y múltiples obstáculos en la proclamación de los valores evangélicos. Somos testigos de cómo son atacados a diario y por todos los medios posibles los valores cristianos, especialmente el valor de toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Lo mismo ocurre con la institución familiar, célula esencial de toda sociedad. Y como en los tiempos apostólicos, el Señor nos sigue enviando a proclamar sin temor el mensaje de la verdad, a tiempo y a destiempo, fortalecidos en todo momento por el Espíritu Santo que derramó sobre nosotros el día de nuestro bautismo.

En el Evangelio proclamado Jesús nos recuerda una vez más la promesa de enviarnos su Espíritu para no desanimarnos en la difícil tarea de ser sus testigos en medio del mundo: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre (...), él dará testimonio de mí, y ustedes también darán testimonio” (Jn 15, 26). En efecto, sólo con la ayuda del Espíritu Santo seremos capaces de mantenernos firmes en la fe, para poder enfrentar la hostilidad y el rechazo propios de la misión, como acabamos de escuchar en la lectura evangélica.

Que, con la ayuda del Espíritu Santo, cuya fiesta estamos a punto de celebrar, continuemos poniendo nuestros dones y carismas al servicio de la labor evangelizadora, especialmente en medio de la creciente comunidad hispana del sureste de los Estados Unidos, tan bien representada en este encuentro. Una comunidad cada vez más necesitada de apoyo, formación y participación, pero que, al mismo tiempo, tiene tanto que ofrecer a nuestra Iglesia y a esta gran nación.

Y que María de Guadalupe, modelo de discípula misionera, nos anime y ayude con su ejemplo e intercesión. Amen.