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'El padrecito' tuvo un rico ministerio

Homilía del Arzobispo Wenski en el funeral del P. George Cardona

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía en el funeral del P. George Cardona. La Misa se celebró en la iglesia Our Lady of the Lakes, en Miami Lakes, el 22 de enero de 2021.

Una vez más nos reunimos para celebrar la vida de uno de nuestros sacerdotes y dar gracias por el don de su vocación y su entrega al servicio de Dios y de su Iglesia. Hoy, al ofrecer la Santa Misa por el eterno descanso de nuestro hermano en Cristo, el P. George Cardona, le pedimos al Padre de las misericordias que lo purifique de todas sus faltas y le haga disfrutar del lugar del consuelo, de la luz y de la paz en su Reino glorioso.

Es una oportunidad muy especial para agradecer al Buen Pastor por el fecundo y prolongado ministerio sacerdotal del P. Cardona, y por todas las bendiciones que a través de él, y por 67 años, tocaron a tantos corazones desde que fuera ordenado sacerdote. Unamos por tanto nuestra acción de gracias a las de todos aquellos que recibieron de sus manos los sacramentos de la Iglesia, así como el consuelo necesario y el consejo oportuno en medio de los retos de la vida.

Nacido en Mataró, Catatonia, el padre tuvo un rico ministerio – primero como religioso Escolapio en España, Cuba y luego en la Arquidiócesis de Miami. Poliglota, él hablaba varios idiomas. Profesor en el colegio segundario, Cardinal Gibbons, capellán a los enfermos de Mercy Hospital y luego vicario parroquial en varias parroquias, el “padrecito” fue siempre un sacerdote entregado y cercano al Pueblo de Dios.

Y como buen catalán, nos inició a la devoción a la Moreneta, la Virgen de Montserrat, que ayudó a traer desde Barcelona a la Iglesia de San Vicente de Paul y que se encuentra actualmente en la Iglesia de Santa Rosa de Lima. A él le gustaba cantar con su fuerte acento catalán: "Rosa de Abril, Morena de la Sierra, de Monserrat estrella, de los catalanes siempre seréis princesa y de los españoles, estrella del Oriente, puerto de salvación ..."

El P. Cardona solicitó su retiro a la Arquidiócesis de Miami en el año 1995, aunque continuó ofreciendo su apoyo pastoral en St. John the Apostle. Sus últimos anos sufría las enfermedades de vejez con resignación, confiando siempre en el Señor.

Hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos invita a recibir a Jesús en nuestras vidas como ese Pan bajado del cielo que quiere ser nuestro alimento en el camino hacia la casa del Padre. Un alimento que al recibirlo nos une en comunión de amor y de fe con Jesús, y también con todos nuestros hermanos. Así como podemos reconocerlo por el don de la fe, vivo y presente en este sacramento de unidad, también estamos llamados a reconocerlo en el rostro de los otros, especialmente los más necesitados, acogiéndolos y amándolos de la misma forma en que somos nosotros amados y perdonados por Dios. Por tanto, la comunión que recibimos nos debe hacer crecer en caridad, y reanimarnos en el servicio a nuestros hermanos. Como recordaba el Papa Francisco, “quien se nutre del Pan de Cristo ya no puede quedar indiferente ante los que no tienen el pan cotidiano”.

Partir y compartir el Pan de Vida con sus hermanos fue la razón de ser y la misión del P. Cardona durante toda su vida. Fue la Eucaristía, celebrada y adorada, la fuente de una alegría y espíritu fraterno que supo prodigar a todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo. Murió a los 90 años. Por eso, seguramente, hay mucha más gente que le están esperando en el Reino para darle una bienvenida calurosa que aquí para despedirnos de él. Como él creía, y nosotros creemos, fuimos creados por Dios para un día vivir con Dios por la eternidad. Así, nuestra despedida no es un “adios” sino un “hasta luego” pues también aspiramos poder llegar a ese Reino y participar con él en el Banquete celestial, Ahora, al llegar a la Jerusalén celestial, meta definitiva de su existencia, y después de haber servido fielmente a Dios y a su pueblo, se hace realidad en él esa promesa de Jesús que el Evangelio de hoy nos ofrece: “El que come de este pan vivirá para siempre”.

Que el Buen Pastor, que un día lo llamó a su servicio y lo alimentó y fortaleció con el Pan vivo bajado del cielo, lo acoja ahora en su misericordia y lo haga participar del banquete eterno de su Reino. Que la Virgen de Monserrat lo reciba ahora, pues ya ha cruzado el umbral de la muerte, y después de una larga peregrinación ha llegado a la patria celestial.

Dale, Señor, a tu querido sacerdote, el P. George Cardona, el descanso eterno, y que brille para él la luz perpetua. Amen. 

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