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Columns | Friday, August 27, 2021

La sinodalidad llega hasta América

El CELAM convoca a megaevento continental en noviembre

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Han transcurrido poco más de 50 años, desde la realización del Concilio Vaticano II, pero sus recomendaciones y compromisos vienen siendo implementados de a pocos, aunque no exento de algunas resistencias y hasta de un cisma con los lefebvrianos.

Lo mismo se podría decir de la V Conferencia del CELAM en Aparecida, que a los casi 14 años de publicado su documento madre, este necesita aún implementarse en varios campos, donde se tiene que reafirmar su mensaje principal: la renovación pastoral y el discipulado misionero.

Fotógrafo:

Esto lo tiene muy claro el papa Francisco. Y quién mejor que él para decirlo, pues no solo fue asistente activo de la misma, sino que coordinó la comisión redactora del documento final. Así es que si hay alguien que lo tiene muy presente y vigila por su implementación, es él mismo.

Por tal motivo, no habría aceptado la propuesta del CELAM para convocar a una sexta asamblea, del cual emergería un nuevo documento, redactado por los obispos y alguno que otro perito. 

 

HACIA LA SINODALIDAD

Visto este panorama clásico, que encapsula los mayores debates y decisiones solo en el colegiado de los obispos, Francisco habría sugerido a la plana mayor del CELAM, la realización de una asamblea americana, de tipo sinodal. Es decir, participativa, representativa y con un  componente que supere aquel llenado previo de cuestionarios por unos pocos, sea en las parroquias o comunidades.

El componente al que nos referimos es el “quid” del asunto, denominado “Proceso de escucha”. Esta etapa o vivencia, como lo vea cada uno, es, junto a los momentos de discernimiento, lo que viene marcando el estilo del actual papado, cotejado ya por algunos, en los últimos sínodos celebrados en Roma.

Si se quiere entender de modo “express” la sinodalidad, bastaría con aceptar que es el bautismo común, el que permite tratar con la misma dignidad a todos los católicos. De tal modo que, la construcción de una Iglesia inclusiva sea un empeño común; siendo así, se podrá construir un espacio amplio para la toma de decisiones, aunque sin desconocer la autoridad petrina del papa y aquello apostólico, que es propio de los obispos como jerarquía y celadores del depósito de la fe.

La respuesta que brinda la sinodalidad a los desafíos del mundo, es más firme, debido a que está anclada en varias virtudes queridas por Cristo desde la institución de la Iglesia. Estas son: la fidelidad a los orígenes, la inclusión de todo el Pueblo de Dios en la construcción del Reino y la conversión permanente de la institución. 

 

CON MAYOR SABOR LOCAL

Ya el papa Francisco lo había adelantado en la convocatoria al Sínodo de los Obispos sobre la Amazonía. Se requería de un “sabor local”, que entintara el proceso de escucha, las intervenciones en el aula sinodal vaticana y más que nada, el documento final. A esto habría que añadirle el grupo de misioneros venidos de tales tierras, algunos investigadores y eruditos de tal contexto y sobretodo, los representantes de los pueblos originarios, que con sus demandas, atuendos y aportes hicieron vibrar –aunque también disgustar- a los diversos sectores de la opinión pública.

De este modo, el santo padre se dejaba confrontar por los entusiastas y aún por los críticos, a fin de que se entendiera que el modelo eclesial imperante, en diálogo con el mundo de la posverdad, requería de un cambio de mentalidad, así como modificar algunas estructuras y superar ciertas prácticas.

Tan exitoso fue el resultado que, al escribir su exhortación post-sinodal “Querida Amazonía”, no reemplazó ni le corrigió la plana al documento final de la asamblea. Sino que para estupefacción de algunos, fue tan respetuoso que lo dejó casi intacto; tanto así, que lo citó como fuente en su documento magisterial. Fue una forma de reconocer que la primera instancia en la Iglesia, es y sigue siendo, el pueblo de Dios. 

 

QUERIDA AMÉRICA

Es obvio que la atención del papa estará centrada en la primera Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe, a la que ha convocado el CELAM del 21 al 28 de noviembre próximos en México. Y no solo porque él es americano y fue un obispo en esta zona de misión, sino porque al ser un continente de esperanza, se podrá demostrar que la sinodalidad no está reñida con el sentido hondo de la comunión universal. Una figura muy particular, aunque lejana de la provocación alemana, que con su propio sínodo viene haciendo que los jerarcas vaticanos se jalen de los cabellos, incluido el mismo Francisco.

Los organizadores de la Asamblea americana han sido más claros en su convocatoria: “Como discípulos misioneros, reunidos sinodalmente en la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, haremos memoria de lo acontecido en la V Conferencia General en Aparecida, y mirando contemplativamente nuestra realidad con sus desafíos, reavivaremos nuestro compromiso pastoral para que, en Jesucristo, nuestros pueblos tengan una vida plena en y por los nuevos caminos hacia el 2031-2033”.

Es así que entre sus grandes líneas de trabajo, destaca “una mirada contemplativa de la realidad de nuestros pueblos”, a lo que se suma el deseo de “profundizar en los desafíos actuales en contexto de la pandemia”; “reavivar nuestro compromiso pastoral con los fieles” y “responder en y por los nuevos caminos para que todos tengamos vida plena”.

Han recogido de este modo, el compromiso asumido en Aparecida en el 2007: “Para que nuestra casa común sea un continente de la esperanza, del amor, de la vida y de la paz” (DA 536).


ITINERARIO ESPIRITUAL Y DE ESCUCHA

Se puede distinguir unción en la convocatoria: “Todo inicio de camino, toda meta, toda construcción comunitaria y sinodal, requiere estar acompañada de un itinerario espiritual que anime los pasos al viento del Espíritu, el cual sopla donde quiere y cuando quiere, inspirando el andar”.

Es por ello que los organizadores vienen ofreciendo subsidios a modo de contenidos, mediante los cuales, de forma particular o comunitaria, se aprenda “a expresar en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana, en la familia y en las comunidades de pertenencia, la vida de cuanto oramos (y) sea un espacio de encuentro con Dios y nuestros pueblos, para que en Él tengamos vida”.

En el caso del denominado Proceso de Escucha, en perspectiva sinodal, se afirma que “será la base de nuestro discernimiento, y nos iluminará para orientar los pasos futuros que, como Iglesia en la región y como CELAM, debemos dar al acompañar al Jesús encarnado hoy en medio del pueblo, en su “sensus fidei” que es su sentido de fe”.

El proceso de escucha empezó en el pasado mes de abril y finaliza a fines de agosto de este año 2021, por lo que aún se puede participar de la pre Asamblea, a través de los “organismos eclesiales de referencia”, según la invitación incluida en la web de la convocatoria.

Allí mismo se pueden encontrar y descargar documentos, tutoriales en video, guías y manuales en versión pdf, que permitirán acompañar el proceso de escucha. Destaca el válido esfuerzo del CELAM por ofrecer casi todo el material en los cuatro idiomas oficiales del organismo eclesial: Español, portugués, inglés y francés.

Se tiene la esperanza que, aunque sean varios los idiomas y múltiples las visiones de lo que hay que hacer y por dónde retomar la nueva evangelización, la promoción humana  y la inculturación del evangelio, algún germen de sinodalidad brotará para quedarse y crecer.

Y eso, ya será esperanzador para mantener aquella pirámide invertida, de la que habla con tanta ilusión el papa Francisco. Pues ya es hora de que en dicha cúspide piramidal, se reubique a los “improbables”, tal como los organizadores llaman a los rechazados o ignorados de la sociedad, quienes han de ser unos invitados por derecho, en esta asamblea eclesial americana.

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