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Cachita no deja nunca de ponerse en busca de sus hijos

Misa por el aniversario de la proclamación de la Virgen de la Caridad del Cobre como patrona

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski en la Misa por el aniversario número 100 de la proclamación de la Virgen de la Caridad de El Cobre como patrona de Cuba. Martes, 10 de mayo de 2016. 

Hermanos y hermanos, hemos participado antes del inicio de la Eucaristía del emotivo recibimiento a esta hermosa imagen enviada por la familia cubana a las familias cubanas que viven en la diáspora.

Se trata de un hermoso gesto de unidad, en el amor a esa Madre celestial que a todos nos cubre bajo su manto: Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Que feliz providencia poderla recibir el mismo día en que los obispos cubanos junto al pueblo fiel, celebran en el Santuario del Cobre los 100 años de su proclamación como patrona de Cuba, un día como hoy de 1916. Y es que Cachita no deja nunca de ponerse en camino en busca de sus hijos. Se pone siempre en camino, llevando a su pueblo disperso al que que sostiene en sus brazos: a Jesucristo, el verdadero camino, la verdad y la vida.

San Lucas, después de contarnos la escena donde el ángel Gabriel le anuncia a María que ha sido elegida para la importante misión de ser el puente en el que Dios y el hombre se encuentran, y así dar inicio a la obra de la redención, nos dice que ella se puso inmediatamente en camino hacia la casa de su anciana prima; una visita impulsada por fidelidad a Dios, que le ha dado un signo: el humanamente imposible embarazo de Isabel. Una visita también motivada por el gran servicio que podrá ofrecer a su prima, en los últimos meses de la gestación de Juan.

El evangelista nos ha descrito a una mujer valiente, fuera de serie, que dialoga de tú a tú con Dios; que decide personalmente y sin esperar por la aprobación de una figura masculina como era costumbre en aquellos tiempos. María aparece en la historia dentro del marco de lo extraordinario, con una fidelidad y una confianza a toda prueba que la convierte en modelo para todo creyente; en ejemplo para todo aquel que decida  seguir los planes de Dios, aun sin comprender casi, o nada, lo que el Señor tiene entre manos.

La figura de María entra así en la historia del pueblo creyente. De la misma forma que llegó hasta la casa de su prima, llega también en silencio a nuestra casa para arrimar el hombro y darnos una mano. Como a Isabel, ella siempre viene a visitarnos; pero no como una visita de cortesía o de compromiso, sino como una verdadera visita de familia. Ella ha llegado hasta nosotros para escucharnos, para consolarnos, para compartir nuestras penas y nuestras alegrías; para estar a nuestro lado en todo momento y en todo lugar.

Así la encontraron aquellos tres jóvenes, flotando serenamente sobre las aguas después de la tormenta. Llegó a Cuba como una celeste misionera balsera, empinada sobre un frágil madero; milagro de la delicada providencia de Dios. No sólo vino a visitarnos, sino que vino para quedarse para siempre en todos los eventos del devenir de un pueblo en ciernes. Ella acompañó la pobreza y el desamparo de los campesinos; el dolor de las madres que perdieron sus hijos luchando por la libertad de la patria. Ella sigue sosteniendo la esperanza de los balseros, que hoy continúan enfrentando el peligroso mar que los separa de la ansiada libertad. Ella quiere seguir animando a todos sus hijos dondequiera que se encuentren, a andar los caminos que conducen a Jesucristo, el mesías verdadero y único salvador.

Santa María de la Caridad, desde la bahía de Nipe subió a las montañas del Cobre y de ahí a los hogares y a la vida de todos los cubanos. Marchó con los libertadores a la manigua redentora, y cada mambí llevó su imagen o su "medida" en el bolsillo, y su nombre en el corazón y en los labios, al marchar a la batalla por la libertad de Cuba. Pequeña como los pobres de la tierra y mestiza como su pueblo, nos dice una y otra vez, con toda la fuerza de su amor, señalando al hijo que lleva en su brazos: ¡Hagan lo que él les diga¡ Porque sólo hay un camino seguro hacia la libertad verdadera: seguir el Evangelio, vivir el Evangelio, y anunciar el Evangelio. En ese rumbo en que la fe nos pone en camino sólo vale confiar y esperar contra toda esperanza. Y, hermanos y hermanas, en ese camino no estamos solos: nos acompaña cada día la poderosa intercesión de la santísima Virgen María de la Caridad.

Un día también llegó a estas tierras del sur de la Florida como peregrina de Dios, como una exiliada mas, en las manos de un refugiado político, justo a tiempo para aquella gran eucaristía del 8 de septiembre de 1961 junto a más de 30 000 de sus hijos. Aquí se quedó, en la Ermita junto al mar, para prodigar amor y consuelo a todos, para acoger al recién llegado; al que está en problemas, al que sufre la enfermedad o la nostalgia, al que quiere dar gracias por tantas alegrías y regalos. En este Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad se abrieron las puertas para todos los devotos de la Virgen; gente creyente y fiel de todos los pueblos de Hispanoamérica sigue acudiendo a diario para visitar agradecidos a la virgen morena, que extiende su manto para acogernos a todos.

Y es que María de la Caridad no deja de interceder por nosotros. Como en las bodas de Caná, ella sigue diciéndole a Jesús: Hijo, a los cubanos les falta el vino de la esperanza; necesitan regresar a los valores del espíritu; no permitas que les falte la alegría, ni el don de la solidaridad; no permitas que olviden sus raíces o que las frustraciones, el tiempo y la distancia les amarguen el corazón.

Hermanos y hermanas, hoy celebramos los cien años de aquel día en que el Papa Benedicto XV declaró a la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba, reconociendo lo que era ya una realidad en el corazón del pueblo creyente. Y fueron los veteranos de la Guerra de Independencia, los queridos mambises, quienes solicitaron tan honroso título para aquella Madre providente que siempre les acompañó en las horas más difíciles. De tal manera los inspiraba en sus luchas por la libertad, que entonaban a su nombre versos como este:

“Virgen de la Caridad,

Patrona de los cubanos,

Con el machete en la mano

Pedimos la libertad”

Fue con esa fe y devoción que incluyeron en su carta al Santo Padre estas sentidas palabras: "No pudieron los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen venerada. Antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, o como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia…” (Carta de petición de los veteranos al Papa Benedicto XV, 1915).

La Virgen de la Caridad se puso en camino hace más de cuatro siglos para visitar a un pueblo y se quedó con él. Ella, pequeña y callada, pero firme y tenaz, ha mantenido vivo el fuego de una fe que ninguna de las tormentas que ha azotado al pueblo cubano ha podido apagar. Ni siquiera la más agresiva campaña atea del gobierno comunista pudo sacarla de lo hondo del corazón de su pueblo, que hoy la aclama con las palabras de Santa Isabel: ¡Bendita tú entre todas la mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

Todavía resuenan en nosotros las palabras del Papa Francisco al visitarla en su santuario de El Cobre. Un mensaje que nos invita a ponernos en camino siguiendo el ejemplo de nuestra Madre del cielo: “Como María, queremos ser una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación. Como María, queremos ser una Iglesia que sepa acompañar todas las situaciones embarazosas de nuestra gente, comprometidos con la vida, la cultura, la sociedad, no borrándonos sino caminando con nuestros hermanos, todos juntos… Este es nuestro cobre más precioso, ésta es nuestra mayor riqueza y el mejor legado que podamos dejar: como María aprender a salir de casa por los senderos de la visitación.”

Santa María de la Caridad, escucha al pueblo que esta noche has venido a visitar una vez más, y adelanta para Cuba la hora de la reconciliación en la verdad, acompañada de la libertad y la justicia. Que por la intercesión de Maria los cubanos sepan transitar ese camino estrecho entre el miedo que cede al mal y la violencia que bajo la ilusión de luchar contra el mal solamente lo empeora. Virgen de la Caridad del Cobre, ¡cúbrenos con tu manto! Amén.

Comments from readers

Martha P Selaya - 05/11/2016 09:14 PM
Gracias Arzobispo Wenski por esta homilia tan llena de comprensión y misericordia a la diaspora cubana. Que nuestra Patrona; la Virgen de la Caridad, haga posible que esta carta escrita al Papa Benedicto XVI se haga una vez mas realidad y los cubanos puedan liberarse del Castro-comunismo. "No pudieron los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen venerada. Antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, o como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia…” Es muy difícil que denntro de la Isla de Cuba - rodeada de agua - se pueda lograr una lucha vencedora contra el Castro-Comunismo. Sólo la Virgen Maria de la Caridad del Cobre, puede interceder con la Santísima Trinidad para que el dia de liberar a Cuba del Castro-Comunismo esté cerca; que esta primera generación de cubanos en la diaspora podamos ver a Cuba LIBRE! Dios así lo crea. Amen.

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