By John C. Favalora - The Archdiocese of Miami

Con un mundo en vela, esperando en oraci�n durante semanas y meses, Juan Pablo II ha completado su misi�n divina en la tierra. Su muerte representa una p�rdida para todos los hombres y mujeres de la tierra. Su gran amor por la vida y su fervor pastoral sin l�mites dejan un vac�o a la vez que un recuerdo verdadero a trav�s de la historia.
El mundo ha perdido una voz tal y como la de Juan Bautista clamando en el desierto. Clam� a favor de la vida en medio de la creciente cultura de la muerte; clam� por la justicia en medio de mucha injusticia; defendi� los derechos humanos de todo individuo como provenientes de Dios y no del Estado; clam� a todas las naciones por el respeto a los derechos religiosos de todos los hombres sin importar su fe. Mediante sus visitas pastorales --incluyendo su visita a Miami en el a�o 1987-- el Pont�fice demostr� que todos somos hijos de Dios y que debemos aprender a vivir en paz y no en guerra.
La Iglesia Cat�lica ha perdido a un Santo Padre no s�lo de nombre. Ha sido verdaderamente un padre que con esmero cuid� a sus hijos espirituales. Por medio de sus muchos escritos y sobre todo por su ejemplo personal, les dio luz y gu�a para vivir de acuerdo con el Evangelio. Nos ense�� a vivir y nos ense�� a morir. �Qu� m�s puede hacer un buen padre?
Como padre gui� al mundo cristiano al cruzar el nuevo milenio con oraciones y s�plicas por un perd�n genuino, una paz verdadera y una ferviente renovaci�n espiritual. Los j�venes cat�licos, por millones, se congregaron junto a �l durante los Encuentros Juveniles en Roma y a trav�s del mundo, entonando en un sinn�mero de idiomas �Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo.� El pobre, el enfermo, el minusv�lido y el anciano encontraron siempre en �l a un padre compasivo y a un digno colaborador de la Madre Teresa de Calcuta a quien declar� Beata. Los ortodoxos y otros cristianos encontraron en �l a un padre que, confiado, les extendi� la mano a fin de subsanar las divisiones dentro de la gran familia cristiana mientras que los jud�os, los musulmanes y todos los otros creyentes experimentaron en �l un profundo amor fraternal.
Juan Pablo II fue un gigante entre los hombres que en verdad puede ser llamado �Grande� entre sus predecesores. Su fruct�fero papado seguir� enriqueciendo a la Iglesia en el futuro.
Encomendamos a nuestro Santo Padre a su amado Se�or a quien diariamente contempl� y a quien se dedic� con todo su ser. No me cabe duda de que Mar�a, su entra�able madre, lo llevar� a su amado Hijo.
Durante este per�odo de luto, las parroquias de la Arquidi�cesis de Miami se unen a los cat�licos de todo el mundo orando en la Santa Misa por el fallecido Pont�fice. Damos gracias a Dios Todopoderoso por el regalo que el Santo Padre signific� para la Iglesia y para el mundo durante los pasados 26 a�os y rogamos a Dios que le conceda el descanso eterno prometido al siervo bueno y fiel. La Oficina Arquidiocesana de Liturgia ayudar� a las parroquias en los preparativos de los eventos lit�rgicos relacionados con la muerte y elecci�n de un Papa.
Oramos tambi�n por el Colegio Cardenalicio, confiados en que el Esp�ritu Santo guiar� a sus miembros en su gran responsabilidad de escoger a un digno sucesor de Juan Pablo II.
John C. Favalora,
Archbishop of Miami
2 de abril del 2005