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Hagamos visible la misericordia del Padre

Homilía del Arzobispo Wenski en Misa de investidura de la Orden de Malta

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski durante la celebración eucarística e investidura de nuevos miembros en la Asociación Cubana de la Soberana Orden de Malta. St. Mary Cathedral, Miami, 23 de marzo de 2019.

Queridos hermanos y hermanas; caballeros y damas de la Soberana Orden de Malta.

Es motivo de alegría reunirnos en ocasión tan especial y celebrar juntos la Eucaristía, dejándonos guiar por la Palabra de Dios y fortaleciendo nuestras almas con el pan que da la vida eterna. Demos gracias al Padre de las misericordias por sus incontables beneficios, y de manera particular, encomendemos a quienes hoy se comprometen a colaborar con la misión hospitalaria, humanitaria y social que desde hace siglos caracteriza a la Soberana Orden de Malta.  Una vocación sustentada en la custodia de la fe católica y en la práctica de la caridad hacia los más necesitados como bien recuerda su lema centenario, “Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum” (Defensa de la fe y ayuda a los pobres), y como lo siguen atestiguando en nuestros días las diferentes obras y proyectos que patrocina en 120 naciones.

Mons. Thomas Wenski, Arzobispo de Miami, honrado con la Gran Cruz ad Honorem, se dirije a su sede para continuar la celebracion de investidura de los postulantes en la Orden de Malta.

Fotógrafo: ROBERTO AGUIRRE | FC

Mons. Thomas Wenski, Arzobispo de Miami, honrado con la Gran Cruz ad Honorem, se dirije a su sede para continuar la celebracion de investidura de los postulantes en la Orden de Malta.

Una de esas obras, entre otras tantas, es la amplia red de comedores populares que no sin dificultades han podido establecerse en diferentes diócesis de Cuba. En ellos, miles de ancianos tienen la satisfacción de recibir un almuerzo diario, y en muchos casos, la oportunidad de mitigar la soledad compartiendo en la fe y la caridad con sus hermanos. Se calcula que más de 15 mil personas reciben este beneficio cada día, y que alrededor de 800 mil comidas son repartidas a lo largo del año. Una labor meritoria que por más de veinte años y con el apoyo generoso de voluntarios en las diferentes parroquias, ha permitido a la Iglesia cubana ofrecer un claro testimonio de caridad en medio de los más necesitados. Una misión que brota de la fe y que ha de tener siempre como supremo modelo de amor a ese Padre bueno y misericordioso que hoy nos presenta de manera viva y elocuente el Evangelio proclamado.

En efecto, hemos escuchado la parábola conocida como “del Hijo Prodigo”, uno de los pasajes más entrañables y hermosos del Nuevo Testamento, que nos ayuda a descubrir cómo es el corazón de nuestro Padre Dios, así como su verdadero rostro de bondad y misericordia. No olvidemos el ambiente de incomprensión en medio del cual se encontraba Jesús predicando, como aparece reflejado al inicio mismo del texto. Mientras los publicanos y toda clase de pecadores lo escuchaban con atención, los escribas y fariseos, por su parte, murmuraban contra él y lo acusaban de acoger a gente de muy mala reputación, y de comer con ellos. Es en este contexto que el Maestro dirige a ellos, y a todos nosotros, esta lección extraordinaria del amor incondicional e ilimitado del Padre de los cielos, el cual está siempre esperando pacientemente por nosotros, dispuesto a acogernos sin reproches y a perdonarnos de corazón cuando somos capaces de reconocer humildemente nuestras culpas, y de regresar a él.

Es este el sentido profundo del mensaje cuaresmal que cada año nos exhorta al arrepentimiento, a la conversión y a la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos, mientras vamos de camino hacia la Pascua de Jesús. Una invitación a mirar con sinceridad de corazón nuestras vidas, y a saber reconocer cómo malgastamos muchas veces, de manera irresponsable, los preciados dones que el Señor nos regala. Y al igual que el joven de la parábola, levantarnos de la postración a la que nos somete el pecado y así ponernos en camino, una vez más, hacia la Casa del Padre. Porque nunca es demasiado tarde para volver a experimentar el abrazo amoroso de un Padre paciente, que nos aguarda y perdona sin reproches en cualquier recodo del camino de la vida, y que lleno de alegría es capaz de prepararnos un banquete, porque estábamos muertos y hemos vuelto a la vida, estábamos perdidos y hemos sido hallados por su Gracia.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra misión en este mundo es extender y hace visible, a través de nuestras obras, de nuestra vida y de nuestras acciones, esa misericordia del Padre de los cielos de la que nos habla hoy la liturgia de la Palabra. Cada uno de nosotros, fieles a la vocación recibida, debemos esforzarnos para que ese amor misericordioso de Dios llegue a todos nuestros hermanos, y de manera particular a aquellos más necesitados.

Les exhorto, entonces, a continuar trabajando sin descanso para que ese amor hecho obras siga mostrando a muchos, en Cuba y en tantos lugares, el verdadero rostro bondadoso de nuestro Padre Dios. Aprovecho una vez más la ocasión para reconocer esta valiosa labor que realiza la Asociación Cubana de la Orden de Malta, sin olvidar su importante apoyo a la formación de los futuros sacerdotes, así como a los que ya se encuentran en situación de retiro o enfermos.

Que al renovar nuestra fe por la participación en este misterio eucarístico y con la intercesión de la Santísima Virgen María, podamos llevar al mundo el testimonio de la verdadera caridad, y de esa misericordia infinita que brota del corazón de nuestro Padre celestial. Que así sea.

El Arzobispo de Miami, Mons. Thomas Wenski, posa con los Caballeros y Damas de Malta despues de la celebracion de investidura de los postulantes.

Fotógrafo: ROBERTO AGUIRRE | FC

El Arzobispo de Miami, Mons. Thomas Wenski, posa con los Caballeros y Damas de Malta despues de la celebracion de investidura de los postulantes.


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