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Dónde nos encontramos hoy sobre la eutanasia y el suicidio asistido

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Segundo de dos blogs del Dr. Vizcarrondo sobre este tema. Para leer el primero, oprima aquí.

En la década de 1930, se intentó legalizar la eutanasia en Gran Bretaña. Décadas más tarde, en los 1970, varios casos de eutanasia se hicieron públicos en Gran Bretaña y los Países Bajos. En aquel momento, la eutanasia no era legal en ninguno de los dos países. Los responsables recibieron una sentencia leve o quedaron impunes.

En 1978, Derek Humphry, periodista estadounidense de origen británico, publicó un libro en Inglaterra en el que describió la muerte de su esposa, quien sufría cáncer avanzado del seno, a causa de una sobredosis deliberada. Humphry justificó el suicidio asistido por motivos de amor y compasión, y apoyó la idea de despenalizar la eutanasia voluntaria.

En 1980, en California, Humphry fundó la Sociedad Hemlock. En 2003, la organización cambió su nombre a Compassion and Choices (Compasión y Opciones). Así se lanzó el movimiento del derecho a morir.

En este país, el suicidio asistido es legal en seis estados y el Distrito de Columbia. La eutanasia, o el asesinato activo de pacientes, continúa siendo ilegal.

En 1997, el estado de Oregon legalizó el suicidio con asistencia médica. Veinte años después, se intenta ampliar la ley. Se presentó un proyecto de ley para que sea posible que alguien administre la droga letal si el paciente ya no es física o mentalmente capaz de hacerlo. Esto sería un paso significativo para legalizar que un trabajador de la salud asesine a un paciente.

El suicidio asistido se legalizó en los estados de Washington (2008), Montana (2009), Vermont (2013), California (2015), Colorado, (2016) y el Distrito de Columbia en 2017. Canadá legalizó el suicidio asistido y la eutanasia voluntaria en 2016.

En Europa occidental se ha practicado por décadas la eutanasia y el suicidio asistido por médicos. Holanda tiene la experiencia más extensa. En los Países Bajos, la eutanasia voluntaria y el suicidio asistido por médicos son legales desde 2002, pero han sido permitidos por los tribunales desde 1984. En la actualidad, la eutanasia involuntaria se practica ampliamente en los Países Bajos; la familia toma la decisión de que el paciente muera. Con frecuencia, el médico holandés es quien decide quién vive y quién muere. En la actualidad, los niños con defectos congénitos son sacrificados a petición de los padres.

Desde hace varias décadas, el suicidio asistido por el médico y por quienes no lo son ha sido tolerado por los tribunales en Suiza. En 2001, el Consejo Nacional suizo confirmó la ley del suicidio asistido, pero mantuvo la prohibición de la eutanasia. La gente llega desde todas partes del mundo a las Clínicas de Eutanasia en Suiza, comúnmente llamadas "clínicas de muerte", para ser asesinada. La ley suiza permite la muerte de residentes no suizos, lo que se conoce como turismo de muerte.

Desde 2002, la eutanasia y el suicidio asistido por médicos son legales en Bélgica. Este pequeño país tiene las leyes más liberales de eutanasia en Europa.

En 2009, Luxemburgo se convirtió en el cuarto país de Europa en legalizar y despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido por médicos. En 2003, el Parlamento aprobó una ley para legalizar la eutanasia, que el monarca católico romano vetó. El Parlamento le quitó este poder al Gran Duque y aprobó la ley una segunda vez sin oposición.

Parece que las costumbres liberales occidentales han acogido el llamado “derecho a la muerte”. El proceso ha tardado años, pero se ha arraigado, como ha sido la experiencia en Europa Occidental. La justificación para la eutanasia y el suicidio asistido se basa en el principio de autonomía personal y compasión por el dolor y el sufrimiento de la persona. La autonomía de la persona, o derecho de autodeterminación, se considera la obligación imperativa. No se puede rechazar a quien pide la muerte.

La cultura moderna ve el dolor y el sufrimiento como vergonzosos e indignos, e insiste en que esa experiencia se elimine por cualquier medio. El dolor y el sufrimiento son rasgos permanentes de la vida, especialmente al final de la vida. La solución no es quitarle la vida a una persona que sufre. Tomar la vida inocente nunca es un acto moral.  

La mayoría de los pacientes que se suicidan padece depresión. Eliminar al paciente en lugar de tratar la condición del paciente no es un acto moral. El tratamiento de la depresión del paciente salvará al paciente de la idea suicida. El profesional médico debe utilizar sus habilidades para cuidar al paciente enfermo con amor y compasión, tratando el dolor físico y emocional con respeto, preservando la dignidad de la persona. Con alivio eficaz y atención a la dignidad, se le permite a la persona enferma hacer la paz con su familia y amigos.

Es de gran preocupación que el médico esté siendo coaccionado por la sociedad y por muchas organizaciones profesionales para convertirse en cómplice en la toma de la vida inocente. El médico sanador se convertirá en médico asesino, como lo fue durante el tiempo de Hipócrates, cuando el paciente no sabía si iba a ser curado o asesinado. Se ignora la máxima de que el médico no debe hacer daño a su paciente. Tanto el médico como la comunidad médica deben negarse a ser intimidados para cumplir con esta ideología de la muerte.

Comments from readers

Rafael Alberti - 07/11/2017 09:51 AM
What do we do with a loved one who has suffered for years and is terminally ill - Lying in a hospital bed? Knowing full well they would die without life support? Do we prolong their life and suffering and provide artificial life? Or do we let them finally go home to the Father? Such a difficult decision for the family? What is the church's guidance? Thank you

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