��Reconc�liense con Dios!�
Monday, April 11, 2011
*Archbishop Thomas Wenski
No es ning�n secreto que, mientras las filas de quienes acuden a comulgar han crecido, la fila de quienes acuden a confesarse es cada vez m�s corta. Sin embargo, la crisis espiritual de nuestra �poca �la p�rdida del sentido del pecado� no podr� superarse a menos que nuestro pueblo cat�lico redescubra las consolaciones de hacer una �buena confesi�n�.
Aumentar las oportunidades de que uno se acerque al sacramento, podr�a ayudar. La experiencia de los sacerdotes que escuchan confesiones diariamente en la Ermita, el Santuario Nacional de Nuestra Se�ora de la Caridad del Cobre, demuestra que las personas acuden a confesarse cuando la confesi�n est� realmente a su alcance. Durante la Cuaresma, nuestras parroquias, en efecto, programan servicios especiales de penitencia, en los que los fieles pueden participar en el Rito de la Reconciliaci�n con confesiones y absoluci�n individuales.
Este a�o, varias de nuestras parroquias participar�n en un Fin de Semana de la Reconciliaci�n. El 15 y el 16 de abril, inmediatamente antes del Domingo de Ramos y del comienzo de la Semana Santa, iglesias designadas para ello abrir�n sus puertas m�s temprano el viernes por la tarde y durante todo el d�a del s�bado, y habr� sacerdotes disponibles durante todo ese tiempo para escuchar las confesiones de los fieles.
En las palabras del Papa Benedicto XVI, la Cuaresma es �una �poca privilegiada de peregrinaci�n interior hacia Aquel que es la fuente de la misericordia�. Nuestra Cuaresma ser� fruct�fera si nos ayuda a salir de nosotros mismos para que podamos abrirnos �con abandono confiado� al abrazo misericordioso de nuestro amoroso Padre. Este �abrazo misericordioso� se ofrece a cada cat�lico que, con la disposici�n apropiada y con el firme prop�sito de la enmienda, se acerca al Sacramento de la Penitencia. La recepci�n provechosa de este sacramento tambi�n puede ayudarnos a abrirnos a los dem�s en sus necesidades: por haber experimentado la misericordia de Dios, podemos aprender a ser misericordiosos.
La jornada de la Cuaresma es una conmemoraci�n del bautismo, a trav�s del cual nos hemos reconciliado con Dios, al participar en la muerte y la resurrecci�n del Se�or. Por esta raz�n, en el Domingo de Resurrecci�n los fieles �habi�ndose preparado para las solemnes celebraciones de la pasi�n, muerte y resurrecci�n de nuestro Se�or mediante las pr�cticas religiosas de la Cuaresma� renovar�n sus promesas bautismales. De esta manera, renovamos nuestro compromiso con esa b�squeda de la santidad que debe ser lo que nuestra vida en Cristo signifique para nosotros como cristianos, como cat�licos.
Si buscamos la santidad, entonces �tal como el Papa Juan Pablo II nos record� �ser�a una contradicci�n que nos conform�ramos con una vida de mediocridad marcada por una �tica minimalista y una religiosidad superficial�. La Cuaresma �si la observamos adecuadamente mediante la oraci�n, el ayuno y las limosnas (u otros actos de abnegaci�n) � puede ayudarnos a resolver �esas contradicciones� de nuestras vidas que nos impiden la b�squeda de la santidad. Y al hacerlo as�, la Cuaresma debe conducirnos a la recepci�n fruct�fera del Sacramento de la Penitencia. La Penitencia ha sido llamada �el segundo bautismo�, pues sigue siendo �la manera ordinaria de obtener el perd�n y la remisi�n de los pecados mortales cometidos despu�s del bautismo�.
En el Mi�rcoles de Ceniza, escuchamos la exhortaci�n de San Pablo: �Somos embajadores de Cristo, tal como si Dios suplicara por medio de nosotros. Les imploramos en nombre de Cristo: reconc�liense con Dios�. San Pablo pide una reconciliaci�n personal, pero, hablando como un embajador de Cristo, tambi�n nos exhorta a que nos reconciliemos con Dios, como �l dijo, �por medio de nosotros�, es decir, por medio de los representantes de la Iglesia a los que Cristo les dio el poder de perdonar los pecados. La Cuaresma es una temporada de gracia y salvaci�n. Y, por lo tanto, es �el momento favorable� para que cada cat�lico redescubra, una vez m�s, el Sacramento de la Penitencia.
�Reconc�liense con Dios!
