Hablando de �las �ltimas Cosas�
Monday, November 8, 2010
*Archbishop Thomas Wenski
Aunque noviembre est� cercano al �ltimo mes del a�o, nos invita a los cat�licos a reflexionar en lo que los escritores espirituales han llamado las ��ltimas Cosas�. Por supuesto, estas ��ltimas Cosas� son la Muerte, el Juicio Final, el Cielo (para muchos, si no, por v�a del purgatorio para la mayor�a de nosotros), y el Infierno.
El mes comenz� con la solemnidad de Todos los Santos, seguida de la festividad de Todos los Difuntos.
Para nosotros los cat�licos, estas conmemoraciones son una lecci�n en eclesiolog�a, o sobre c�mo la Iglesia se entiende a s� misma. La Iglesia, como nos lo record� el Concilio Vaticano Segundo, es esencialmente una comuni�n: a trav�s del bautismo, entramos a la vida misma de Dios � Padre, Hijo y Esp�ritu Santo. Nos convertimos en miembros de un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo.
Esa comuni�n, que es nuestra en Cristo, es invocada en el Credo: �la Comuni�n de los Santos�. Y esa expresi�n es una manera maravillosa de contestar la pregunta: ��Qu� es la Iglesia? Porque, �qu� es la Iglesia sino la asamblea de todos los santos, vivos y muertos?
Y esa comuni�n s�lo se rompe por el pecado mortal. La muerte no rompe nuestra comuni�n con los santos. Por lo tanto, la tradici�n habla de tres estados de la Iglesia:
- la Iglesia triunfante � aquella de los n�meros que ya han entrado a la gloria de la vida eterna;
- la Iglesia sufriente � aquella de los fieles difuntos que pronto entrar�n al cielo pero que ahora experimentan la purificaci�n final que nosotros los cat�licos llamamos purgatorio;
- y la Iglesia militante, aquellos de nosotros que, aunque somos ciudadanos del cielo a trav�s de nuestro bautismo, a�n peregrinamos en la tierra, atravesando, por as� decirlo, una tierra extra�a hasta que lleguemos a nuestra verdadera patria, el Reino de los Cielos.
Estas fiestas tambi�n ayudan a enfatizar para nosotros una de las ense�anzas principales del Concilio Vaticano Segundo; una ense�anza que, ciertamente, no es nueva u original al Concilio, sino una a la que el Concilio deseaba dar un �nfasis renovado, a saber, el llamado universal a la santidad que cada cristiano recibe en el bautismo.
Catherine de Hueck Doherty, quien escribi� un cl�sico espiritual titulado �Poustinia�, expres�, citando al escritor espiritual del siglo 19, Leon Bloy: �Permanece tranquilo, y mira profundamente a las motivaciones de la vida. �Podr�n construirse sobre ellas los verdaderos cimientos de la santidad? Ciertamente hemos nacido para ser santos � �amantes del Amor que muri� por nosotros! S�lo existe una tragedia: no ser santo�.
Durante noviembre, cuando los d�as se hacen m�s cortos, hacemos bien en recordar cu�n cortas son nuestras vidas, y meditar en esas �ltimas Cosas que nos esperan a todos. Pero gracias a las fiestas de Todos los Santos y Todos los Difuntos, nuestras reflexiones de noviembre no tienen que ser sombr�as, sino que deben ser esperanzadoras.
El Catecismo de la Iglesia Cat�lica nos ense�a: �La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoy�ndonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Esp�ritu Santo�. (CIC N�m. 1817)
Nuestra creencia en el purgatorio � la purificaci�n final de los elegidos � nos ayuda a los cat�licos a permanecer firmes en esa esperanza, evitando de esa manera tanto la desesperaci�n como la presunci�n. La desesperaci�n es contraria a la bondad de Dios, a Su justicia, pues el Se�or es fiel a sus promesas y a su misericordia. Porque hay un purgatorio, no tenemos que desesperarnos sobre nuestra salvaci�n personal o la de nuestros seres queridos si, al fallecer, nos quedamos cortos de la santidad perfecta necesaria para entrar a la presencia de Dios. Y mientras nos protege de la desesperaci�n, nuestra creencia en el purgatorio tambi�n nos protege de caer en la presunci�n de que podemos salvarnos por cuenta propia, sin la ayuda de la gracia de Dios, o de que podemos obtener el perd�n sin la conversi�n, o la gracia sin el m�rito. (Ver CIC, n�ms. 2091, 2092).

Comments from readers
Thank you for this article, which reflects so well your office of teaching. When I ponder on the beauty of our Catholic Tradition and doctrine, the more I see our need as Christians and Catholics to be so much more committed to the new evangelization that our beloved late Pope, the Venerable John Paul II called us, especially in America.
Today I heard the preaching of a priest that said: purgatory is the doctrine of God's mercy toward mankind. And then, I heard another priest saying: saints are people in love with God. I thought it was so fitting to make this comment after reading your article.
May we all truly live a life in love with Christ, our Savior, so that we may attain that place in heaven that the Lord himself has prepared for each one of us.
With sincere thanks.