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María es el orgullo de nuestra raza

Homilía del Arzobispo Wenski en la fiesta de la Virgen de Guadalupe

Archbishop Thomas Wenski preached this homily during a Mass on the feast of Our Lady of Guadalupe, Dec. 12, 2019, at Our Lady of Guadalupe Church in Doral. | El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante la celebración de una Misa el 12 de diciembre de 2019, fiesta de la Virgen de Guadalupe, en la iglesia Our Lady of Guadalupe de Doral.

Estamos aquí celebrando la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Como se puede notar, uno no tiene que ser mejicano para ser guadalupano.

Por ser inmaculada desde el primer momento de su existencia, María es el orgullo de nuestra raza. Desde el Calvario, Jesús nos la dio como nuestra madre. Así, podemos decir: uno no puede ser cristiano si no es, a la vez, mariano. Y igualmente uno no puede ser mejicano o hispanoamericano si no es, a la vez, guadalupano.

La Virgen de Guadalupe es la patrona de nuestra América y de México, donde hace casi cinco siglos hizo su morada entre esa nueva raza que nació del encuentro de dos culturas. Para México y para toda América Latina, ella fue, es todavía, y será por siempre, estrella de la evangelización, anunciándonos la aurora de un nuevo día, ese día cuando su hijo, nuestro Señor, vendrá para traernos la paz, la salvación, y el bienestar.

María de Guadalupe no es un hecho del pasado. Ella sigue muy presente en el caminar de la Iglesia, que es siempre peregrina en esta tierra. Por lo tanto, ella está muy presente con ustedes que son inmigrantes.

Today, we honor Our Lady of Guadalupe – the patroness of this parish but also patroness of Mexico and Empress of the Americas. She is, as Pope St. John Paul II said, the Star of the New Evangelization.

Five centuries ago, the indigenous peoples of Mexico were converted to the Gospel because of her appearance to Juan Diego and her leaving her image on his tilma. Within a relatively short time, tens of thousands, hundreds of thousands, of the original peoples of Mexico were baptized. The Gospel took root in the heart and in the culture of Mexico’s population because, in looking at the image of Mary depicted on the tilma of Juan Diego, the population could see in her a reflection of themselves. The Gospel was not only for Europeans but for the Indians as well – the Gospel is for all peoples, all nations and all races.

Cinco siglos de historia dan testimonio de la presencia maternal y solícita de la Morenita. Sin ella, América estaría incompleta. Además, sus palabras y sus gestos siguen vivos en el corazón de nuestros pueblos. Aunque ustedes se encuentran lejos de la patria que les vio nacer, esa estrella que es la Madre de Dios sigue alumbrándoles el camino que les llevará al encuentro con “el Dios de Gran Verdad, de Aquel por Quien vivimos; de El Creador de Personas, de El Dueño de lo que está Cerca y Junto; del Señor del Cielo y de la Tierra”.

Y la providencial aparición de la Virgen María, con rostro mestizo, en el Tepeyac (1531) afirmó que la fe cristiana no es una fe solamente para los europeos, sino que es la fe y el camino de la salvación para todas las naciones y todas las razas de la tierra.

En la guadalupana los valores del pueblo indígena (Náhuatl) vienen asumidos, elevados y purificados. Al trenzar su imagen en las fibras del manto de este hombre sencillo que fue San Juan Diego, María identificaba su persona y su vida con la de él y con la dignidad, la importancia y las labores de aquellos que estaba visitando. En cierto sentido, se tejía a sí misma en las profundas fibras de ese pueblo.

El encuentro con María y la misión confiada al indio, lo lleva a que se supere; de hombre convencido de su inutilidad y opresión lo convierte en alguien convencido de su dignidad, lo lleva a considerarse portador de un mensaje tanto para el Obispo como para sus hermanos. En ese encuentro con el indio Juan Diego y el Obispo español, María nos ha enseñado que no hay nadie tan rico que no puede recibir; ni tampoco hay nadie tan pobre que no tiene algo para dar.

To honor the Virgen of Tepayac at this Mass is not only to look back on the past event; it also allows us to consider the challenges of the present with confidence and, trusting in the guidance of the Holy Spirit, to look to the future with hope.

In this image, given to Juan Diego, Mary is with child – she carries within her womb the hope of the world, Jesus Christ. Our Lady of Guadalupe is rightly considered the patroness of the pro-life movement – for every child should represent hope for his parents. During Advent we hear the voice of John the Baptist who calls us to “prepare the way of the Lord.” Mary prepared the way through her “yes” – given at Nazareth to the Archangel Gabriel; may she teach us also to say “yes” to God’s Will as well.

Con la Guadalupana delante superamos todos los obstáculos en nuestro caminar hacia el nuevo mundo, ese mundo de esperanza y de libertad que aguardamos con firmísima fe en este tiempo de Adviento. La Virgen de Tepeyac lleva en su vientre al niño Dios. Juan Bautista lo anunció cuando pregonaba en el desierto: Preparen el camino para el Señor. La Virgen de Guadalupe, morenita y mestiza como los pueblos de la América, nos preparó el camino cuando dijo su “si” a Dios en Nazaret. Desde Tepeyac, ella sigue enseñándonos como decir si también.

Que seamos todos portadores de la Buena Nueva, como ella, para que el mundo en que vivimos encuentre al “Dios de Gran Verdad, de Aquel por Quien vivimos; de El Creador de Personas, de El Dueño de lo que está Cerca y Junto; del Señor del Cielo y de la Tierra”.

Virgen de Guadalupe, intercede por nosotros. Our Lady of Guadalupe, pray for us.

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