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Cómo tratan el COVID en Nicaragua

Imagen del COVID-19, imagen de la web.

Fotógrafo: Imagen de la web

Imagen del COVID-19, imagen de la web.

A los vicentinos de todas las Américas nos preocupa lo que ocurre en Nicaragua; por eso nos mantenemos informados y, sin dar nombres por protección de los que allí viven, estamos en el deber de denunciar estos atropellos, preocupados por lo que es la lucha del gobierno contra el COVID-19, abandonando a su suerte a la población nicaragüense. Por eso quiero dar a conocer al mundo parte de lo que ha ocurrido en ese pequeño país, pero grande de corazón y muy devoto de nuestra Madre Santísima.

Nicaragua, un país desgobernado por un par de psicópatas que se creen los enviados de Dios para decidir quién vive o debe morir, y abusar de los que no piensan igual que ellos.

En este hermano país centroamericano, el COVID-19 encontró un gobierno que públicamente le dio la bienvenida; realizaron marchas y fiestas públicas en su honor; en realidad, algo que nos hizo recordar las fiestas paganas del continente africano, que solamente habíamos visto en documentales o películas en referencia a esas costumbres.

El virus se hizo visible el 18 de marzo de 2020; después vino una ola de muertes que no respetó ni a grandes ni pequeños; entre ellos murieron varios altos funcionarios del gobierno dictatorial y pastores evangélicos aliados al gobierno, pero es el caso que ellos quisieron morir de esa forma por lo antes descrito. La población sufrió, pero no por buscarlo.

La ineptitud del gobierno nicaragüense ha sido tan grande que Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Human Rights Watch, la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre otras, han condenado y advertido al régimen de su gran irresponsabilidad, y catalogaron esas acciones de graves, irresponsables, preocupantes, temerarias y riesgosas.

Las clases en los colegios públicos no fueron suspendidas, las fronteras no fueron cerradas y la dictadura continúa promoviendo irresponsables actividades masivas. A esta fecha, todo continúa como si no hubiera un virus mortal.

Ante la terrible situación de los nicaragüenses por la pandemia, nuestra madre Iglesia Católica fue la única que ordenó la cancelación de todas las actividades, incluyendo las de Semana Santa por segundo año consecutivo, dando un ejemplo de valor ante los dictadores.

El Ministerio de Salud de Nicaragua (MINSA), llamado el ministerio de la mentira, informa unos datos que en realidad no pareciera que las personas que hablan sean profesionales de la salud: pintan un país contrario a todo lo que ocurre; para ellos no ha ocurrido nada, o es muy poco.

Los nicaragüenses se mantienen informados porque existe un ente denominado Observatorio Ciudadano, a cargo de médicos independientes, que por hablar con la verdad fueron despedidos de diferentes hospitales públicos; ellos contradicen con cifras reales lo que dice el MINSA, y para las organizaciones internacionales este es el punto de referencia con respecto a la verdad.

Hasta el 17 de marzo 2021, el Observatorio Ciudadano había verificado la cantidad de 3,009 personas fallecidas por neumonía o sospechosas de COVID-19. Entre estas se incluyen 117 muertes entre el personal de la salud.

A esta misma fecha, el gobierno se limita a informar el avance del virus en el mundo, pero dice que en Nicaragua no hay casos sospechosos.

Durante la primera oleada, en los hospitales acumulaban los cadáveres y los enterraban a media noche, lo que la población denominó como “entierros exprés”. Al amanecer, los cementerios tenían numerosas tumbas nuevas, pero nadie vio los funerales.

La situación es tan grave que la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó: “Niegan la realidad del contagio”, y de esta manera solo conseguirían “intensificar la gravedad de la pandemia al socavar esfuerzos para frenar su propagación y fortalecer los sistemas de salud”. Y asimismo alertó sobre el uso de la emergencia para reprimir el derecho a la libre expresión e información en países como Nicaragua.

En realidad, en Nicaragua, no se puede, o mejor, no se debe hablar en las instituciones públicas sobre el COVID-19, porque la persona que lo hace corre peligro hasta de muerte, aunque parezca mentira. Dios y la Virgen Santísima salven a Nicaragua.


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