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Una vez más a los pies de la Virgen

Homilía del Arzobispo Wenski al comenzar la celebración de los 50 años de la dedicación de la Ermita

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante una Misa en el Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad, el 2 de diciembre de 2022, para comenzar la celebración del 50 aniversario de la dedicación del santuario.

Queridos hermanos y hermanas,

Qué alegría reencontrarnos a los pies de la Virgen y celebrar juntos la Santa Misa, al inicio de un Año Jubilar con motivo del 50 aniversario de la dedicación y bendición de esta querida Ermita de la Caridad. Un jubileo de acción de gracias por todas las bendiciones que desde este Santuario ha derramado el Señor sobre su pueblo, siempre por la intercesión providente de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Ella no ha dejado en todos estos años de caminar a nuestro lado, de reanimarnos una y otra vez en la fe y en la esperanza; de llevarnos a Jesús, único camino, verdad y vida.

La Virgen de la Caridad, presencia permanente en la historia de este pueblo, un día llegó a Cuba después de la tormenta. Hallada su imagen en las aguas de la Bahía de Nipe, acompañó a los cubanos en tiempos de tempestad y de bonanza, en sus luchas de independencia y en los tiempos en que se forjaba la joven Republica. Y un día, cuando más fuerte arreciaba sobre sus hijos la tempestad de odio y destrucción, consecuencia de un régimen comunista, supo también acompañarlos al destierro, donde debieron marchar en busca de libertad. Y así llegó a estas tierras para compartir el dolor de sus hijos, para reanimarlos en la fe. Para ofrecerles a su amado hijo Jesucristo, siempre en sus brazos, y recordarles que Él es el único Mesías salvador; el único en quien un pueblo puede poner toda su esperanza. 

Y un día el pueblo agradecido le construyó una casa, un hermoso templo junto al mar. Porque, como nos recordaba siempre Monseñor Román, cuando muchos cubanos aún no podían tener su casa propia, fueron capaces de construirle una hermosa casa a su patrona, la Virgen de la Caridad. Desde este Santuario no ha dejado ni un instante de cubrir a todos con su sagrado manto. Y por eso estamos aquí esta noche, dando gracias por este tiempo jubilar que hoy ha comenzado.

A este Santuario han acudido generaciones de cubanos, así como tantos otros hermanos venidos de toda Hispanoamérica, siempre para poner sus vidas, sus familias, su futuro, a los pies de María. Y seguimos viniendo a sus pies para aprender de su ejemplo de fe, de escucha de la Palabra, de docilidad a la divina voluntad, y de entrega generosa en el servicio a los otros. Recordemos que María, al recibir la encomienda de traer a Jesús al mundo, pudo aceptar con humildad y alegría su misión, e inmediatamente, supo también ponerse en camino y entregarse en el servicio generoso. Y desde entonces ya no dejó de ponerse en camino a lo largo de la historia, hacia todos los pueblos, razas y culturas. Es gracias a esta disponibilidad y amor por sus hijos que es venerada en todas partes, como lo ha sido durante siglos allá en El Cobre, y lo ha sido por casi cinco décadas en este mismo santuario.

El próximo año, al cumplirse el 50 aniversario, aquí estaremos reunidos nuevamente para recordar aquel 2 de diciembre de 1973, día en que tuvo lugar la solemne ceremonia de dedicación y bendición de esta Ermita de la Caridad. Una celebración que reunió a una inmensa representación del pueblo cubano de Miami, y que fue presidida por el Cardenal John Joseph Krol, Arzobispo de Filadelfia, en aquel entonces presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Cabe destacar, además, la presencia aquel día del querido obispo cubano, Monseñor Eduardo Boza Masvidal, exiliado en Venezuela. Él había sido expulsado de la Isla años antes junto a un buen número de sacerdotes, entre los que se encontraba el Padre Román, presente también en aquella ceremonia.

Y por supuesto, en aquel día tan especial, no podía faltar la presencia del entonces Arzobispo de Miami, Monseñor Coleman F. Carroll, principal inspirador y promotor de aquel proyecto. No olvidemos que unos años antes, el 8 de septiembre de 1966 y mientras se celebraba el 50 aniversario de la proclamación de la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba, fue Mons. Carroll quien exhortó a los cubanos a construir un santuario a su Patrona aquí en Miami. Pero no sólo les animó, sino que también les ofreció generosamente este hermoso enclave junto al mar donde hoy nos encontramos, para que fuera el lugar donde los cubanos vinieran a venerar a la Virgen de la Caridad. Y con el fin de animar y guiar aquel proyecto, nombró capellán a un joven sacerdote que en poco tiempo se ganó el cariño del pueblo. Era el Padre Agustín Aleido Román, quien años después sería obispo auxiliar de Miami, y que con tanto acierto y sentido pastoral supo dirigir por décadas la misión de la Ermita. 

Hermanos y hermanas, una vez más a los pies de la Virgen, y como hemos hecho por casi ya cincuenta años, pidamos por intercesión de María de la Caridad mantenernos firmes en la fe y en la esperanza, en medio de los retos y desafíos del tiempo presente. Y por supuesto, sigamos pidiendo a nuestra Madre del cielo por Cuba y su libertad. Que tantas súplicas y lágrimas derramadas aquí por años no hayan sido en vano, y que pronto el pueblo cubano pueda disfrutar de la verdadera justicia y libertad de los hijos de Dios.

Al celebrarse en este Año Jubilar cinco décadas de la incesante labor evangelizadora de la Ermita de la Caridad, pidamos también al Señor que siga bendiciendo a todos los que han servido y sirven en este Santuario, a sus sacerdotes, a las Hijas de la Caridad, a los empleados. Pero muy especialmente, a todos los miembros de la Archicofradía de la Caridad del Cobre, donde quiera que se encuentren. Con su esfuerzo y generosidad, a ejemplo de María, supieron decir sí al llamado de Dios, y ponerse en camino para servirlo a través de la labor misionera de la Ermita.

Evocando hoy la memoria de nuestro querido Monseñor Román, no puedo dejar de recordar, una vez más, aquellas proféticas palabras, llenas de amor por su querida Ermita: "Y a mi pueblo, que la ha levantado con los sudores y lágrimas del destierro, le pido que continúe cuidándola, para que al ser contemplada por las generaciones futuras, no olviden que la fe de un pueblo hizo mover montañas".

Que la Virgen de la Caridad del Cobre nos cubra con su manto.
Virgen de la Caridad, ruega por nosotros.
Virgen de la Caridad, salva a Cuba. Amen.