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He will be remembered as John Paul the Great

Archbishop Wenski's homily on the feast of St. John Paul II

El arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante la celebración de la fiesta del Papa San Juan Pablo II organizada por las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, que tuvo lugar en la iglesia de Our Lady of Guadalupe, en Doral, el 22 de octubre de 2020.

Archbishop Thomas Wenski preached this homily during a Mass marking the feast of St. John Paul II. The Mass was organized by the Servants of the Pierced Hearts of Jesus and Mary and celebrated at Our Lady of Guadalupe Church in Doral, Oct. 22, 2020.

Que alegría para mi poder celebrar esta Misa en la fiesta del Papa San Juan Pablo II. Fue el 22 de octubre de 1978, cuando comenzó su ministerio petrino retando al mundo con estas palabras que fueron el lema de su pontificado: ¡No tengan miedo de abrirle las puertas a Cristo!”  

Los mexicanos decían que él fue el primer Papa mexicano por su amor al pueblo mexicano y por su amor a la morenita, Nuestra Señora de Guadalupe. Qué bueno que estemos celebrando esta fiesta en esta parroquia cuya patrona es la Virgen de Tepeyac. Claro, Juan Pablo no fue mexicano – fue polaco – y soy orgulloso decir que yo también soy polaco. Pero de verdad, Juan Pablo fue Papa no solo de los mexicanos, o de polacos – fue Papa de todos, y de una manera muy especial fue Papa de los jóvenes.

Un hombre de muchos dones, Juan Pablo II trajo al papado grandes cualidades humanas y profundas virtudes espirituales. Él era un intelectual que, sin embargo, podía predicar con el toque común de un cura parroquial. Era un hombre de gran disciplina, ejerciendo un control casi sobre humano de un cuerpo frágil y enfermo para continuar su misión y estar presente para su rebaño. Él era también un hombre de oración capaz de armarse de profundos poderes de concentración para entrar en comunión con Dios contemplativa y místicamente. Será recordado con el tiempo como Juan Pablo el Grande. 

Once, in catechism class, a little child was asked “what is a saint?” In a perfect illustration of that phrase “from the mouths of babes,” he replied a bit hesitantly: “A saint is a - uh – window.” His experience of saints was of those depicted in the stained-glass windows of his parish church. But he had grasped a profound truth. Saints are indeed like windows – through them light shines, not the light of the sun (s-u-n) but the light of the Son (s-o-n). We can say that he himself is a window through which the light of Christ continues to shine on us.

Como Obispo, asistió a todas las sesiones del Segundo Concilio Vaticano. Como Papa, por medio de sus muchos escritos y sermones, ha promovido la implementación auténtica del Concilio, enfatizando el llamado universal a la santidad hecho a todos los fieles, una antropología abierta a la trascendencia, y que pudiera ser llamada “la teología del don”, que la felicidad y la realización de las más profundas aspiraciones del hombre se encuentran no buscándose a sí mismo, sino por medio del don de sí mismo.

Al predicar el Evangelio sin temores, “en tiempo y fuera de tiempo”, abrazó al mundo convencido de que la Iglesia sería fiel a su misión no escapándose del mundo ni rindiéndose a él, sino comprometiéndose con el mundo. Su camino fue el camino del diálogo. Él estaba convencido de que la Iglesia tenía algo que decir, una Palabra que compartir. Y esa Palabra era Jesucristo.

In his ministry as Pope, he embraced the Second Vatican Council’s renewed emphasis on the universal call to holiness. Throughout his 26 years as pope, he never tired of placing before us the radical demands of the Gospel and he urged us not to be afraid to embrace them. By exhortation but also by example, an example given even with much pain and suffering, he reminded us that for a Christian “it would be a contradiction to settle for a life of mediocrity, marked by a minimalist ethic and a shallow religiosity.”

Él no era un trompetero inseguro: por su testimonio, por su valentía, no sólo se abrieron las puertas, sino que hasta los muros se cayeron (cf. Josué). Y al decirnos, “No tengan miedo”, inspiraba a los católicos en todas partes, especialmente a los jóvenes, a “remar mar adentro”.Nos recordaba “si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios... sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial”.

Holiness is, he taught us, “a message that convinces without need for words and is a living reflection of the face of Christ.” John Paul II, in his word and in his life, gave us a message that is convincing, a message of hope, a message about Jesus Christ, the source of our hope, the hope that does not disappoint.

Juan Pablo II supo apacentar a las ovejas de ese redil que es la Iglesia Católica. En una era de agitación e inseguridad, guió confiadamente a la Iglesia hacia el tercer milenio. Su ejemplo y sus enseñanzas nos inspiran hoy a “remar mar adentro” sin miedo, viviendo el presente en medio de sus luces y sombras con entusiasmo y mirando al futuro con confianza. Y para que no fallezcamos en el camino, contamos con su intercesión. ¡San Juan Pablo II, rece por nosotros!

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