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Los Diez Mandamientos: La gramática para entender el lenguaje del amor

Charla del Arzobispo Wenski sobre

Charla del Arzobispo Thomas Wenski sobre "Los Diez Mandamientos" dada en el Centro de Espiritualidad Ignaciana, Casa Manresa el 30 de marzo de 2015. 

Hace algunos años, el renombrado Ted Koppel, de “Nightline”, se dirigió a la promoción de graduandos de una universidad de la prestigiosa “Ivy League”. Koppel, un judío, no se atuvo a las normas de la corrección política, y les recordó a quienes pronto serían alumni, que los Diez Mandamientos eran exactamente eso: Mandamientos, y no sólo Diez Sugerencias.

Para que nadie diga que Koppel estaba tratando de imponer un punto de vista religioso, es importante tener en cuenta que, aunque los Mandamientos son sin duda fundamentales en nuestra herencia religiosa judeocristiana, son de aplicación universal,  ya que expresan la ley moral que está escrita en el corazón humano. Por lo tanto, el proyecto humano, tal como Koppel se lo estaba tratando de señalar a los graduandos de una prestigiosa universidad, no es determinar lo que yo siento o creo que es correcto e incorrecto, sino vivir mi vida de acuerdo a las normas morales objetivas.

Y es precisamente en esta encrucijada donde la crisis de nuestro tiempo se está decidiendo: ¿son las reglas de la vida algo relativo, para que cada generación y cada cultura sea libre de “construir” lo que es “verdad” para ellas? ¿O hay algo --o mejor aún-- Alguien más allá de nosotros mismos, ante quien somos responsables? Como criaturas, ¿depende nuestro florecimiento como seres humanos de que vivamos dentro del designio impuesto por nuestra condición de criaturas? ¿Podemos realmente “darnos el gusto”, tal como dice una tonadilla comercial para la promoción de hamburguesas?

Hay una “ley natural” cognoscible para la razón humana, y escrita en el corazón humano. Incluso sin la ayuda de la Revelación Divina, no podemos dejar de reconocer que lo correcto y lo incorrecto existen. En otras palabras, no podemos no saber que robar, matar, mentir o cometer adulterio son malas acciones. Por supuesto, el pecado nubla la razón humana y debilita la voluntad. La vida moral significa aprender a decir que no a la envidia, la ira, la lujuria, etc, pues al ceder a estas pasiones, sin duda transgredimos los mandamientos que nos dicen no robar, no matar, o no cometer adulterio. Y como tenemos una naturaleza humana caída, y por lo tanto no podemos salvarnos a nosotros mismos, necesitamos la gracia de Dios si nuestras vidas han de conformarse plenamente a la ley moral.

Sí: los mandamientos no son sólo “sugerencias”. Pero son algo más que “prohibiciones” que limitan la libertad humana. Demasiado a menudo, hoy en día, la libertad se define como hacer lo que quiero, lo que me apetece. Pensamos en la libertad como la libertad de inventar las reglas de la vida. Y, de este modo, nuestra cultura habla de la “libertad de elección”, que se supone capaz de abolir las exigencias que los demás puedan imponer a nuestra libertad. Sin embargo, los Mandamientos, lejos de limitar la libertad humana, la hacen posible. LeBron James es un gran jugador de baloncesto, pero no porque crea que puede inventar las reglas del juego a medida que se desplaza por el tabloncillo. Al obedecer las reglas del baloncesto, su talento se ve libre, no restringido. 

Antes de poder hablar bien un nuevo idioma, tienen que aprender la gramática. Puede parecer que la gramática sólo se trata de reglas.  Los mandamientos son como una “gramatica” – es la gramatica que nos permite hablar el lenguaje del amor. Para hablar en ese idioma, es preciso aprender las reglas acerca del control de sí mismo, de la pureza de corazón y de mente, y se trata de aprender cómo negarse a sí mismo, a respetar a los demás, a servir en lugar de ser servido.  Y a medida que aprenden la gramática, tienen que practicar, practicar, practicar…  En realidad, conocer y observar las reglas facilita, en lugar de dificultar, jugar el juego. De la misma manera, los Mandamientos, las reglas del vivir cristiano, nos dan la libertad para abrazar un futuro de amor.

Más que una lista de noes, de prohibiciones, los mandamientos son también un sí a la libertad y al florecimiento humanos. En palabras de nuestro papa emérito Benedicto XVI:

Los Diez Mandamientos “son un sí a un Dios que da sentido a la vida (los tres primeros Mandamientos); un sí a la familia (el Cuarto Mandamiento), un sí a la vida (el Quinto Mandamiento), un sí al amor responsable (el Sexto Mandamiento); un sí a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (el Séptimo Mandamiento); un sí a la verdad (el Octavo Mandamiento); un sí al respeto por los demás y por sus pertenencias (el Noveno y el Décimo Mandamientos).” (8 de enero de 2006.)

Así como Lebron puede ensenarnos como jugar baloncesto, los santos pueden enseñarnos cómo amar.  Obedecer los Mandamientos – con la ayuda de la gracia de Dios, la cual ganamos por medio de la oración constante – hace posible el amor y convierte la vida en una verdadera aventura. 

En Junio de 2013, el Papa Francisco, en un mensaje enviado por video a los participantes en el evento “Diez Plazas Para Diez Mandamientos” en Milán, dijo: "¡Redescubramos y vivamos las diez palabras de Dios! Digamos 'sí' a estas 'diez vías del amor' perfeccionadas por Cristo. ¡Para defender al hombre y llevarlo a la verdadera libertad!" (9 de junio de 2013.)

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