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Renueven continuamente su compromiso con Jesús

Homilía del Arzobispo Wenski en la convocación de seminaristas

Archbishop Thomas Wenski preached this homily during a Mass with archdiocesan seminarians at their annual convocation. The Mass took place at St. Thomas the Apostle Parish, Miami, May 13, 2019. It was the daily evening Mass in Spanish, and about 30 parishioners attended along with 50 seminarians.

El Arzobispo Wenski predicó esta homilía durante al celebrar una Misa con los seminaristas arquidiocesanos durante su convocación anual. La Misa se celebró el 13 de mayo de 2019 en la parroquia de St. Thomas the Apostle en Miami, durante la Misa diaria que se celebra por la tarde. Estaban presentes alrededor de 30 fieles y 50 seminaristas.

A pocas semanas de haber celebrado la resurrección del Señor y preparando nuestros corazones para la gran celebración de Pentecostés, nos reunimos en torno a este altar para celebrar la Eucaristía y darle gracias a Dios por todos los dones que a diario nos concede. Y hoy de manera particular, por el regalo de nuestra Madre del Cielo bajo la hermosa advocación de Nuestra Señora de Fátima, invoquemos su intercesión por nuestro Seminario, sus formadores, profesores, empleados y colaboradores, pero sobre todo, por cada uno de ustedes, seminaristas, que un día supieron responder con generosidad a la llamada del Buen Pastor. Que con su ayuda y su maternal protección puedan ustedes perseverar en la llamada recibida, formándose convenientemente para ser los sacerdotes “felices, saludables y santos” que reclamaran nuestros fieles durante la celebración del pasado Sínodo Pastoral en nuestra Arquidiócesis de Miami.

Es por tanto, deber y responsabilidad de los llamados a pastorear un día el rebaño, renovar continuamente su compromiso con Jesús, y prepararse intelectual y espiritualmente para servir mejor a la Iglesia y a todo nuestro pueblo en el sur de la Florida. Y aunque a veces la tarea pueda parecer ardua y exigente, recuerden siempre que no están solos. Cuentan con el apoyo de sus formadores y, sobre todo, con la cercanía espiritual de innumerables fieles que a diario ofrecen sus oraciones por la perseverancia y fidelidad de cada uno de ustedes. Y por supuesto, cuentan con la ayuda providente del mismo Jesucristo, principal sostén de quienes un día sentimos su apremiante llamada y decidimos seguirlo. Sólo con su ayuda será posible renovar nuestro sí de cada día, en medio de retos, temores y dificultades que nunca han de faltar en la vida del discípulo. 

Hoy la Palabra de Dios nos recuerda los desafíos que debieron afrontar los primeros discípulos, y en manera particular, la dificultad de algunos para aceptar la universalidad de la salvación. Una salvación alcanzada por la sangre de Cristo derramada en la cruz, y dirigida a todos los hombres, sin distinción de raza, lengua o nación.

En el texto del Libro de los Hechos de los Apóstoles se nos muestra a Pedro regresando a Jerusalén y siendo cuestionado por sus hermanos por haber estado en contacto con los gentiles, o sea, con aquellos que, al no ser miembros del pueblo judío, no eran considerados dignos de recibir la salvación. Y resulta hermoso comprobar cómo al compartir Pedro con los demás hermanos, la experiencia vivida y la revelación recibida, hace que se alegren con él y den gloria a Dios. Todo un ejemplo de respeto y diálogo, y una llamada a la Iglesia a permanecer siempre atenta a los signos de los tiempos y a las novedades que en cada circunstancia puede inspirarle el Espíritu Santo. Una invitación a vivir en actitud de escucha, a Dios y a los hermanos, en ese diálogo en la caridad con el que es posible solucionar conflictos, ya sea en la simple vida comunitaria, como en otros niveles de la vida eclesial.

Por su parte, el Evangelio de hoy nos recuerda que, si bien la salvación es universal y todos somos invitados a acogerla, sin embargo, sólo hay una forma posible de alcanzarla, y es a través de Jesucristo, el Señor. Él es la puerta estrecha de la entrega y el sacrificio que nos conduce hacia los pastos de vida eterna. Es el camino que nos lleva al Padre y el Pastor que conoce a sus ovejas y ellas le conocen. Un Pastor que, a diferencia de los malos pastores, no daña al rebaño, sino que lo cuida y protege. Toca a nosotros dejarnos conducir por Él sin temor, sabiendo identificar su voz en medio de tantas voces de este mundo que buscan confundirnos y extraviarnos. Es, en fin, el modelo de Pastor que estamos todos llamados a imitar en nuestra misión de enseñar, guiar y santificar, en el servicio del pueblo de la Nueva Alianza.

Queridos seminaristas, gracias por su respuesta generosa a la llamada de Jesús, el Buen Pastor, y gracias también a todos los que se esfuerzan en la buena formación de los sacerdotes que nuestra Iglesia necesita. Al recordar hoy a Nuestra Señora de Fátima, pidamos su intercesión para que, imitando su ejemplo de escucha de la Palabra y de obediencia a la voluntad de Dios, podamos todos ser fieles a la vocación a la que un día fuimos llamados.

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