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La Iglesia y el capitalismo

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Entre los cubanos, se ha discutido mucho sobre ciertas palabras dichas por el nuevo arzobispo de La Habana, Mons. Juan de la Caridad García Rodríguez. Algunos han roto sus vestiduras alarmados por la posición del nuevo Arzobispo de la sede habanera.

Lo que he podido encontrar son las supuestas palabras transmitidas fuera del contexto completo de su alocución y por tanto me limito a copiar lo que ha llegado a través del tamiz de la prensa local: “García explicó que no quiere que ‘haya un capitalismo ni nada por el estilo, sino que el socialismo progrese’ para ir ‘hacia adelante en una sociedad justa y equilibrada y de hermandad’.”

El decir que no quiere que haya un capitalismo desenfrenado, tal como se entiende y se práctica en gran parte de las supuestas sociedades libres hoy en día, no es nada nuevo ni diferente a lo que ha enseñado la Iglesia Católica ya por largos años.

Tampoco veo ningún problema con decir que ve favorablemente un progresar del entendimiento del socialismo según la doctrina social de la Iglesia. El Arzobispo García no podría estar hablando de nada que no sea lo que oficialmente la Iglesia enseña sobre socialismo o capitalismo.

En la encíclica Centesimus Annus, el Papa San Juan Pablo II, afirma: "Si por ‘capitalismo’ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de ‘economía de empresa’ ‘economía de mercado’, o simplemente de ‘economía libre’…”

A continuación, el Santo Padre aclara: "Pero si por ‘capitalismo’ se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa".

Por esta razón, advierte el Vicario de Cristo, "se puede hablar justamente de lucha contra un sistema económico, entendido como método que asegura el predominio absoluto del capital, la posesión de los medios de producción y la tierra, respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre. En la lucha contra este sistema no se pone, como modelo alternativo, el sistema socialista, que de hecho es un capitalismo de Estado, sino una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participación. Esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que éste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que se garantice la satisfacción de las exigencias fundamentales de toda la sociedad".

En esta misma línea han estado algunos de los documentos, palabras y discursos del Papa Francisco – y también a él se le ha acusado de izquierdista – por recordarnos cosas dichas ya hace muchas décadas atrás por otros santos pontífices en cuestiones de doctrina social.

A estas alturas, aunque sé que nada cambiará en los que defienden una doctrina capitalista férrea, quiero añadir unas palabras del Papa Venerable Pio XII – el mismo que nos habló del comunismo como una “doctrina intrínsicamente perversa”.

Nos dijo: “…al mismo tiempo todos deben comprender que la crisis social es tan grande hoy, tan peligrosa para el porvenir, que es necesario que todos y cada uno, y especialmente los que más tienen, antepongan el bien común a los provechos y utilidades privadas. Y antes que nada urge la pacificación de los espíritus trayéndolos al acuerdo fraternal, a la comprensión” (Optatissima Pax, 18 de diciembre de 1947).

 

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