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Seamos 'iglesia en salida'

Homilía del Arzobispo Wenski en reunión regional de seguimiento al V Encuentro

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía el 7 de septiembre de 2019 en la iglesia de St. Patrick en Tampa, durante una reunión regional de seguimiento al V Encuentro, auspiciada por el SEPI (Instituto Pastoral del Sureste).

Nos dice San Pablo en la primera lectura: “es necesario que permanezcan firmemente cimentados en la fe y no se dejen apartar de la esperanza que les dio el Evangelio que escucharon...”

Ya se cumple un año desde que estuvimos en Tejas por el V Encuentro. Recuerden todo lo que habíamos hecho para prepararnos para ese encuentro: tantas consultas, tantas reuniones a nivel de las parroquias, de las diócesis y de las regiones. En todo esto, entrábamos en un proceso de salida misionera que llegó a abarcar todos los Estados Unidos y en que se dio a conocer la realidad de los hispanos de este país. Tantos anhelos, tantas necesidades, tantos retos tienen los hispanos norteamericanos.

Tantas expectativas tienen de su Iglesia católica. Y tanta falta hay de discípulos misioneros, tanta falta hay de católicos comprometidos a ser testigos del amor de Dios para que esas expectativas no sean defraudadas.

Así, la pregunta que nos enfrenta hoy, un año después del V Encuentro, es: ¿cómo permanecer cimentados en la fe?; ¿cómo no dejarse apartar de la esperanza que nos dio el Evangelio?

Por eso, estamos aquí hoy: ¿Cómo vamos a implementar lo que aprendimos en Tejas? ¿Cómo vamos a mantener viva esa experiencia de la “Alegría del Evangelio” que compartimos en el V Encuentro?

No podemos darnos el lujo de pensar que nos queda tiempo; pues, como dijeron los obispos latinoamericanos en Aparecida en 2007, “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

La situación es muy lejos de ser normal. Como todos sabemos, los últimos tiempos han sido difíciles para la Iglesia, y han sido motivo frecuente de escándalo los abusos a menores por parte de sacerdotes. Ese escándalo demostró que una fe católica reducida a bagaje, a adhesiones selectivas y parciales …. que no convierten la vida de los bautizados no resistiría a los embates del tiempo.

Tampoco podemos aceptar que sea normal que más hispanos abandonen la práctica de la fe católica que los que perseveran en ella; no podemos aceptar que sea normal que, en demasiados lugares, las comunidades católicas hispanas se ven todavía como hijastros pobres y no como hijos e hijas de un mismo Padre.

Vivimos tiempos difíciles — donde un cristianismo vivido a medias no va a convencer a nadie. Para que seamos misioneros eficaces, hace falta que seamos discípulos convencidos y coherentes.

Vivimos en un mundo que pretende organizarse como si Dios no le importara. Pero, como vemos manifestado en los problemas sociales de nuestra época, los sistemas que quieren poner a Dios entre “paréntesis” fracasan. Como el Papa Benedicto XVI ha dicho, un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza.

Al implementar la visión que nos dejó el V Encuentro, no podemos volvernos a ese gris protagonismo de la vida cotidiana en la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, en el cual lo mediocre parece lo normal.

En el evangelio de hoy Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar y se comían los granos. Según los fariseos ellos violaban la Ley de Moisés. Pobres fariseos – su fe era una fe desgastada y degenerada en mezquindad. Los fariseos olvidaron el verdadero propósito del sábado y su precepto de no trabajar el día sábado. Jesús les mandó a callarse – pues, el Hijo del Hombre es el dueño del sábado y nos recuerda que Dios va en nuestra busca no para oprimirnos sino para liberarnos.

Jesús es el dueño del sábado y así no teme romper los moldes de las costumbres y expectativas de su tiempo.

A pesar de nuestras faltas como cristianos, sabemos que solo en el Señor encontramos la luz y la salvación. Por eso el mundo necesita de nuestro testimonio de esperanza. Tenemos que ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

Somos testigos de esa esperanza cuando vivimos de tal modo que enseñamos que la vida sí tiene sentido y da alegría cuando uno vive convencido de que Dios sí importa.

Que no perdamos de vista las exigencias del seguimiento de Jesús: no podemos ser misioneros eficaces si no somos discípulos comprometidos. Pero no podemos dar razón de lo que no conocemos; no podemos anunciar el mensaje de Jesucristo a nuestros hermanos si no hemos recorrido antes el camino del discipulado; si no hemos experimentado el encuentro con el Maestro, dejándonos enseñar por El.

El proceso (o quizás, mejor dicho, los procesos) del V Encuentro fueron una verdadera experiencia de discipulado misionero, inspirado por un modelo de iglesia en salida, una iglesia que vive la cultura del encuentro.

El camino del V Encuentro tiene que llevarnos a todos, como Iglesia católica en los Estados Unidos, Iglesia en salida misionera, a encontrar las necesidades de nuestros hermanos y poder compartir con ellos “la Alegría del Evangelio”. Pues, ser cristiano no es una carga, ser católico hispano en los Estados Unidos no es una carga sino un don – un don que se vive en amistad con Jesús y con los demás amigos de Jesús. Nuestra misión es la misma de los primeros años del cristianismo: anunciar a Jesucristo con fe y confianza para que Él sea conocido y amado – y para que así nuestro pueblo tenga vida en El.

De esta manera, permaneceremos “cimentados en la fe” y firmes en la esperanza.

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