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Una nueva luz sobre la tragedia del aborto

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El reciente juicio por aborto del Dr. Kermit Gosnell en Filadelfia, ha derramado una luz muy brillante sobre el oscuro y cruel mundo del aborto.

Desde el 1989, una inspección de rutina en la instalación abortista del Dr. Gosnell demostraba problemas. Recientemente, empleados de hospitales y abogados habían llamado con frecuencia a los agentes estatales de la salud con informes alarmantes sobre mujeres que habían contraído la misma enfermedad venérea tras visitar la clínica; una niña de 14 años que tuvo un aborto ilegal a las 30 semanas de embarazo; y una mujer de 41 años de Virginia, que murió tras un aborto. Diecisiete años más tarde, las autoridades hicieron una redada en la clínica por su distribución de medicamento para el dolor, y descubrieron evidencia estremecedora que llevó a Gosnell a ser enjuiciado con la posibilidad de la pena de muerte.

¿Por qué las autoridades de la salud en el estado se hicieron la vista gorda por tantos años? ¿Se puso en peligro la salud de mujeres pobres debido a motivaciones políticas, o se le dio permiso a esta “casa de horrores” para operar sin castigo para prevenir el nacimiento de niños que podían ser una carga económica para el estado?

Muchos de los presentes en la corte se estremecían ante los visuales y los sonidos de testimonios que describían una nevera llena de cuerpos de bebés, envases con pies de bebés desplegados como trofeos, y el quebrantamiento diario de columnas vertebrales de bebés vivos, descritos por el mismo doctor como “tan grandes que podían caminar hasta el autobús”. Algunos de los que presenciaron el juicio declararon que ya no pueden considerarse “pro-choice" (a favor de la opción), si esta es la verdadera “opción”.

A Gosnell se le condenó el 13 de mayo por asesinato en primer grado por las muertes de tres bebés que nacieron vivos, y luego fueron apuñalados con tijeras. En un acuerdo con la fiscalía, recibió dos cadenas perpetuas que le libraron de la posibilidad de una sentencia a muerte; y una tercera cadena perpetua por asesinar a otro bebé abortado. Gosnell también fue sentenciado por la muerte de una mujer a consecuencia de una sobredosis en 2009.

El estado de la Florida es el tercero en la nación en número de abortos practicados, sólo detrás de California y Nueva York, y un número concentrado de abortos se realiza aquí, en nuestra Arquidiócesis de Miami.

Desafortunadamente, el estado de la Florida no ofrece el mismo protocolo de atención para el aborto como existe para otros procedimientos quirúrgicos similares realizados en oficinas médicas, centros de cirugía ambulatoria, u hospitales. En 2005, el gobernador Jeb Bush firmó una ley para la supervisión más estricta de los que proveen abortos. Pero no hay evidencia de que algo haya cambiado.

En nuestro propio patio existen instalaciones tipo “Gosnell”:
  • Hialeah: Un bebé es abortado vivo y metido en una bolsa de desperdicios biológicos llena de cloro, y colocado en el techo del edificio, escondido de las autoridades. No se formularon cargos.
  • Miramar: Una mujer que administra anestesia a los pacientes había sido contratada como empleada de limpieza. 
  • North Miami: Una joven mujer llama llorando al Respeto a la Vida diciendo que no desea hacerse el aborto, pero no le permiten salir. Luego nos dice que dio a luz a su hija viva en el piso de la instalación abortista.
El estado de la Florida acaba de aprobar la Ley para la Protección de los Bebés Nacidos Vivos, que exige que se reporte de inmediato cualquier niño que nazca vivo por un procedimiento abortista. Pero tenemos que preguntarnos quién lo reportará en un escenario como ese.

Parece que vivimos en una sociedad que no está dispuesta a hacer cumplir las leyes aprobadas en lo que respecta al aborto. El aborto legal sólo ha tenido éxito en proteger al abortista y sus asistentes, dejando a millones de madres y padres traicionados por una ley que insinúa que la legalidad es equivalente a la sanidad y a la moralidad.

Aunque estamos sorprendidos por los actos de Gosnell, debemos entender que, como nación, somos cómplices de esta violencia atroz al permitir el aborto a lo largo de los nueve meses de embarazo. Hacemos maniobras mentales para convencernos de que el asesinato brutal de un niño en el vientre es completamente distinto al asesinato brutal de un niño fuera del vientre. Quienes vieron las fotografías de las pequeñas víctimas de Gosnell, ahora comprenden que son lo mismo.

¿Podemos declararnos “pro vida” y no tomar acción? Si los detalles revelados en el juicio de Gosnell no sacuden nuestras mentes y corazones para que actuemos, ¿qué lo hará? Tras 40 años de asesinatos legales, ¿será este el catalizador que nos hará comprender que el aborto mata a los niños? ¿Nos permitiremos finalmente mirar los rostros de estos inocentes y preguntarle a Dios, “Qué quieres que yo haga”?

¡Señor, por qué he recibido tal privilegio de defenderte en los más pequeños!

Comments from readers

Sylvia Appolon - 05/20/2013 02:39 PM
This article has both shocked and inspired me. I could not bring myself to watch the trial but your article explained it simply. God Bless those who fight for the vulnerable and against any human who would perform such evil acts. Thanks Joan!
Evalina Van Lengen - 05/20/2013 02:06 PM
Very good, Joan. I hope this will be read by many people who did not follow the trial. You have been an inspiration to me since I met you 20 years ago. God bless you!
Evie
Richard DeMaria - 05/20/2013 01:03 PM
Joan, Thank you for a very complete article on this latest atrocity, which fortunately is filling the news. Although it is common place to say how awful Facebook is, it if because I find two to three articles daily about this case on my Facebook page that I am aware of this and other cases of terrible things. It now is clear why the argument is true that once a group is able to decide that a fetus of so many months is not human, it would only be a short time before a group would decide that a new born baby was not human and could be eliminated. Your passion to fight this issue has always been an inspiration to me. Richard

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