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Fátima, el Rosario y nuestro mundo

Columna del Arzobispo Wenski para la edición de abril 2017 de la Voz Católica

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El 13 de mayo de 1981, la bala de un asesino hirió al Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. El Papa sobrevivió, pero siempre le atribuyó a Nuestra Señora de Fátima el haberle salvado la vida. El 13 de mayo es el día de la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, y el 13 de mayo de este año se conmemora el centésimo aniversario del inicio de una serie de apariciones marianas a tres niños pastores en Cova de Iria, en Fátima, Portugal. Estas apariciones han tenido una tremenda influencia en la piedad popular católica a lo largo del siglo pasado.

En los próximos meses, comenzando el 13 de mayo y terminando el 13 de octubre, cuando tuvo lugar el “Milagro del Sol” en 1917, habrá conmemoraciones de estas apariciones en la Arquidiócesis y en todo el mundo, incluyendo en Fátima, Portugal, donde tuvieron lugar los sucesos.

En sus apariciones a los tres niños, María, a quien veían como una mujer “más brillante que el sol”, les confió ciertos “secretos” que, a lo largo de los años, provocaron no poca especulación y controversia. Pero, lo que quizás sea aun más importante, María les pidió que oraran. Les pidió que rezaran el rosario todos los días para traer la paz al mundo y el fin de la guerra.

El rezo del rosario ha sido, durante generaciones, parte integral de la piedad católica. El famoso “Sacerdote del Rosario”, el P. Patrick Peyton, animó a las familias a rezar el rosario en casa, diciéndoles que la familia cuyos miembros oran juntos permanece unida. En los últimos años, sin embargo, muchos católicos —para su empobrecimiento espiritual— abandonaron la práctica de rezar el rosario. Algunos lo encontraban “demasiado anticuado”, y otros lo encontraban demasiado difícil.

Sin embargo, en la oración contemplativa que es la recitación del rosario, María nos ha dado un arma simple pero poderosa para la guerra espiritual que es parte de nuestra vida cotidiana en este “valle de lágrimas”. No es un arma de violencia o intimidación, sino más bien de paz y curación, porque el rezar el rosario nos lleva a una relación más íntima con María, Madre de Misericordia, Vida, Dulzura y Esperanza nuestras. En un mundo todavía amenazado por las armas de destrucción masiva, tenemos en el rosario —como María indicó a los pastores de Fátima— un arma de conversión masiva.

De hecho, el rosario sostuvo a muchos fieles de Dios atrapados detrás de la Cortina de Hierro durante décadas de opresión comunista y adoctrinamiento ateísta. Privados de libertad para practicar abiertamente su religión, y con frecuencia impedidos de asistir a la Misa, estos fieles católicos hallaron en el rosario la fuerza para perseverar. ¿Y no deberíamos reconocer en los acontecimientos imprevistos de 1989, cuando el Muro de Berlín fue derribado y los regímenes comunistas de Europa del Este desmantelados, la evidencia de la poderosa intercesión de María?

El rosario, pues, como una oración que nos lleva a contemplar a Jesús a través de los ojos de María, nos puede ayudar a abrazar la vida: a entender que la vida no es una carga que soportar sino un don que compartir. De esta manera, el rosario es un poderoso antídoto contra la “cultura de la muerte” de nuestra sociedad contemporánea, una cultura en la que se descarta cada vez más la dignidad y el derecho a la vida de los no nacidos, los discapacitados y los ancianos.

El rosario era la oración devocional preferida del Papa Juan Pablo II; y en 2002, añadió los cinco misterios luminosos a los 15 misterios tradicionales: gozosos, dolorosos y gloriosos. No debemos permitir que las celebraciones del centésimo aniversario de las apariciones de Fátima pasen sin prestar atención al mensaje principal de María en Fátima: que recemos el rosario para traer paz y el fin de las guerras.

Los misterios del rosario nos presentan un verdadero resumen del mensaje del Evangelio —e incluso quienes carecen de instrucción pueden aprender a través del rezo del rosario los fundamentos de la Fe. El rosario, una vez entendido correctamente, no es “anticuado” ni “demasiado difícil”: es accesible a todos, en cualquier lugar y en cualquier momento. Estos 20 misterios que contemplamos mientras rezamos el “Ave María” son nuestra instrucción y esperanza. También deben ser, para nosotros, nuestra regla de vida y la promesa de la salvación eterna.

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