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De Italia a Cuba, el cuidado pastoral misionero a todo motor

Sacerdotes de la región eclesiástica de Liguria son responsables de tres parroquias en Santa Clara

Los misioneros Paolo Bacigalupo (izq.), Michele Farina y Pietro Pigollo de las diócesis de Chiavari, Savona y Génova, respectivamente, trabajan en la Diócesis de Santa Clara, estrechando los lazos pastorales entre las iglesias italiana y cubana.

Fotógrafo: DANIEL SHOER ROTH / LVC

Los misioneros Paolo Bacigalupo (izq.), Michele Farina y Pietro Pigollo de las diócesis de Chiavari, Savona y Génova, respectivamente, trabajan en la Diócesis de Santa Clara, estrechando los lazos pastorales entre las iglesias italiana y cubana.

A los pies de la imagen de la Virgen de la Caridad, los tres misioneros italianos, hombres de Dios fieles a su vocación, predicaron, durante la homilía, sobre sus faenas evangelizadoras en territorio cubano. Vinieron a Miami a compartir con miembros expatriados de sus comunidades. Muchas emociones y signos caracterizaron la celebración de una solemne Eucaristía en la Ermita de la Caridad.

Fotógrafo: DANIEL SHOER ROTH / LVC

A los pies de la imagen de la Virgen de la Caridad, los tres misioneros italianos, hombres de Dios fieles a su vocación, predicaron, durante la homilía, sobre sus faenas evangelizadoras en territorio cubano. Vinieron a Miami a compartir con miembros expatriados de sus comunidades. Muchas emociones y signos caracterizaron la celebración de una solemne Eucaristía en la Ermita de la Caridad.

Fieles de la Diócesis de Santa Clara que han emigrado al Sur de La Florida se reencontraron, en el Salón de Catequesis Mons. Agustín Román de la Ermita de la Caridad, con tres misioneros italianos que atienden las parroquias a las que pertenecían en la Isla. Les ofrendaron pequeños donativos para continuar su encomiable labor evangelizadora.

Fotógrafo: DANIEL SHOER ROTH / LVC

Fieles de la Diócesis de Santa Clara que han emigrado al Sur de La Florida se reencontraron, en el Salón de Catequesis Mons. Agustín Román de la Ermita de la Caridad, con tres misioneros italianos que atienden las parroquias a las que pertenecían en la Isla. Les ofrendaron pequeños donativos para continuar su encomiable labor evangelizadora.

MIAMI | Desde los albores del cristianismo y desde lo más profundo de su ser, la Iglesia Católica es una Iglesia misionera. El Señor encargó a sus mismos apóstoles el anuncio de su Evangelio a todos los pueblos, a fin de propagar el mensaje de salvación y esperanza hasta lo más recóndito del mundo.

Siglos más tarde, tres sacerdotes italianos, atentos a las necesidades del prójimo, están respondiendo a ese llamado divino con la fuerza requerida para ver a la isla de Cuba recuperar una Fe viva y activa en Jesucristo, y ofrecerla también a los alejados de la iglesia e increyentes, reanimando así los vínculos de comunión eclesial.

Los misioneros provienen de la Arquidiócesis de Génova y las diócesis de Chiavari y Savona, sufragáneas de la primera. Actualmente, son responsables de las parroquias de Manacas, Esperanza y Santo Domingo en la Diócesis de Santa Clara, región central de Cuba, donde hay escasez de sacerdotes y las comunidades se encuentran en una etapa incipiente de formación.

Este proyecto misionero de intercambio entre las Iglesias italiana y cubana ha tenido continuidad desde su institución en 2005. “Somos sacerdotes diocesanos fidei donum prestados a servir en otras diócesis, en este caso, apoyando a una diócesis hermana como Santa Clara, en una realidad donde la Iglesia está volviendo a renacer y a florecer”, explica el P. Michele Farina durante una corta visita a Miami, junto a sus compañeros de misión, para reencontrase con miembros de sus iglesias en la diáspora.

“Nos hemos unido al trabajo de la diócesis, con los demás sacerdotes, apoyados y acompañados por el Obispo Arturo [González Amador], trabajando como párrocos en estas tres comunidades: parroquias grandes donde se encuentran muchas pequeñas comunidades también de campo que cada día, cada semana, alcanzamos para hacer pequeñas celebraciones de la Palabra, encuentros, y al mismo tiempo, llevamos adelante proyectos como comedores, servicios a nivel de Cáritas para apoyar a los más pobres, a lo más necesitados”, agrega el emisario de la Diócesis de Savona.

Los desafíos de estos tres hombres de Dios fieles a su vocación para evangelizar en Cuba, como afirma el Papa Francisco en Evangelii gaudium, “están para superarlos”.

“La conformación de la parroquia cambia semanalmente porque las personas se van, entonces, hasta cierto punto, uno tiene que volver a empezar desde cero porque a veces estas personas eran catequistas, te ayudaban en una comunidad o simplemente eran parte de la comunidad sin ningún tipo de responsabilidad especial, pero igual el rostro de la parroquia siempre cambia”, asegura el P. Paolo Bacigalupo, asignado a la parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Santo Domingo. 

Al provenir estos clérigos de la católica Italia, del país de los papas, de una Iglesia de antigua fundación, ¿cómo se adaptan a una sociedad descristianizada necesitada de personal apostólico?

“Hace falta mucha paciencia para entrar dentro de un contexto cultural, religioso, social y político completamente distinto al contexto donde nacimos y nos criamos”, sostiene el P. Bacigalupo. “En Cuba, muchas veces cuando te parece haber comprendido algo de cómo funciona, de cómo son las cosas, te das cuenta de que no has comprendido nada. Por otras razones, hay que volver a empezar de cero. Quizás el objetivo no sea tanto comprender, aunque sea necesario para trabajar en ese contexto, sino lo primordial sea compartir, quedarte al lado de las personas”.

Por su parte, el P. Pietro Pigollo, quien hace seis meses se mudó de Génova, sede de la famosa Catedral de San Lorenzo, a la localidad de Esperanza, en la Provincia Villa Clara, precisa: “No es que mi diócesis tenga muchos sacerdotes, pero si la contrastas con Cuba, es grande”. Pese a eso, el envío de clero diocesano a este territorio caribeño de misión es imprescindible porque “el cubano es un pueblo joven de formación que necesita profundizar en la Fe”, subraya.

Los padres Farina, Bacigalupo y Pigollo concelebraron una Misa en la Ermita de la Caridad la noche del 27 de abril. A la ceremonia asistieron decenas de creyentes de sus parroquias radicados en el Sur de Florida. Algunos emigraron en años recientes y eran cercanos a ellos en la isla. Otros viven aquí desde hace décadas, sin embargo, antes de exiliarse pertenecían a esas parroquias y han escuchado de la perseverancia y eficaz atención pastoral prestada por los misioneros italianos a las iglesias de su niñez.

Silvio González, de 75 años, actual feligrés de St. Brendan–y hace medio siglo de Nuestra Señora de la Esperanza– ¬participó en el servicio litúrgico. “Vinimos a representar a nuestra parroquia de allá, con la que nunca hemos perdido el contacto”.

Para muchos católicos cubanos emigrados a Miami en los últimos meses, fue muy grato y emotivo reencontrarse con los misioneros italianos. Diana Fernández (der.), quien pertenecía a la parroquia de Santo Domingo de la Diócesis de Santa Clara, asistió a la Ermita de la Caridad a finales de abril para saludar afectuosamente a su anterior guía espiritual, el P. Paolo Bacigalupo.

Fotógrafo: DANIEL SHOER ROTH / LVC

Para muchos católicos cubanos emigrados a Miami en los últimos meses, fue muy grato y emotivo reencontrarse con los misioneros italianos. Diana Fernández (der.), quien pertenecía a la parroquia de Santo Domingo de la Diócesis de Santa Clara, asistió a la Ermita de la Caridad a finales de abril para saludar afectuosamente a su anterior guía espiritual, el P. Paolo Bacigalupo.

Aunque no los conocía en persona, Crispi Figueroa, también devota de St. Brendan, acudió en gesto de agradecimiento. “Lo que han hecho en Santo Domingo, de donde yo vengo, es extraordinario, porque han creado unas comunidades en los campos alrededor del pueblo, y están evangelizando, casando, bautizando, dando catequesis, todo esto en un área donde los cubanos llevaban 50 años sin educación religiosa”.

La convocatoria adquirió un significado aún más conmovedor para los creyentes emigrados en tiempos recientes. Ellos dan fe de lo indispensable que son estas fuerzas apostólicas extranjeras para su vida cristiana y el desarrollo de la evangelización en Cuba, en momentos en que una cifra considerable de sacerdotes incardinados en la isla salen de su país en búsqueda de mejores condiciones.

Después de la Eucaristía, las familias disfrutaron de un compartir con sus expárrocos en el Salón de Catequesis Mons. Agustín Román. Estar junto a ellos les permitió revivir los lazos con una Iglesia amiga a la que en gran medida extrañan.

Mireya Cartaya, de 51 años, trabajó en el archivos de la iglesia Nuestra Señora de los Dolores hasta radicarse en Miami hace dos años. “La Iglesia es algo que nos llena a los que somos cristianos de corazón, y si bien damos gracias a Dios porque este país nos abrió las puertas, ciertamente sentimos añoranza por nuestras pequeñas iglesias de pueblo en Cuba. Quizás por los estándares de vida y el apuro, aquí la Iglesia no es igual, sino un poco más fría”, opinó.

Por su parte, Carlos González, quien recién salió de Cuba en noviembre pasado, se sentó embargado de profunda emoción rememorando su congregación mientras escuchaba hablar a los misioneros italianos.

“Ellos han ayudado mucho en todos los sentidos, espiritualmente sobre todo, pero también han llevado ayuda a los más pobres; tienen comedores para desayuno, almuerzo y cena, dan cobijas para el frío, incluso han fabricado casas y han logrado unir a la comunidad”, concluye González, de 55 años. “El número de católicos en el municipio de Santo Domingo ha crecido mucho gracias a su trabajo, no porque regalen cosas, sino porque realmente lograron tocar los corazones de todos los que no creían”.


Daniel Shoer Roth es el autor de la biografía autorizada de Mons. Agustín Román “Pastor, Profeta, Patriarca” publicada por la Ermita de la Caridad. 

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