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Consejo al nuevo obispo: Confía en Dios y confía en María

Homilía del Arzobispo Wenski en las vísperas de ordenación de Mons. Enrique Delgado

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El arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía en las vísperas de la ordenación de Mons. Enrique Delgado como obispo auxiliar de Miami, el 6 de diciembre del 2017 en la iglesiaSt. Katharine Drexel, en Weston, donde Mons. Delgado ejerce como párroco.

Esta noche nos reunimos aquí en la parroquia de San Katharine Drexel en Weston para juntos celebrar nuestro canto de alabanza a nuestro Dios y juntos poder entonar el ‘Magnificat’ de la Virgen Santísima en acción de gracias por Enrique Delgado – quien esta noche, en la víspera de su ordenación como Obispo – solemnemente hará su profesión de fe. También bendeciremos los símbolos del nuevo oficio que él asumirá mañana: el anillo, la mitra y el báculo.

Como se pueden imaginar, estas últimas semanas han sido como una “montaña rusa” de emociones encontradas para el Obispo-electo Delgado. Si bien su vida ha cambiado de maneras que él aún ni se imagina, le damos las gracias por haber dicho “sí” cuando recibió la llamada del nuncio, el Arzobispo Christophe Pierre, informándole que el Papa Francisco lo había elegido para ser Obispo.

Enrique, yo estoy seguro de que aún te sientes un poco abrumado con todo esto, y tal vez todavía te preguntas: ¿cómo es que llegué a ser Obispo? No te preocupes. Confía en Dios y confía en María, Reina de los Apóstoles. Como les dije a otros obispos recién nombrados, “No se preocupen – dentro de unos años, ustedes se fijarán en nosotros – el resto de los obispos – y dirán: ¿Cómo es que ellos llegaron a ser obispos?”

Dios no necesariamente llama a los más sabios, ni a los más fuertes, ni a los más calificados. Muy a menudo, el elige a los que se consideran los más débiles a los ojos de este mundo para asombrar a los fuertes.  Aunque sabemos que somos “siervos indignos”, también sabemos que el Señor exige una respuesta con todo el corazón, y no meramente a medias.

Como dijo el Papa Francisco, “este ministerio no se busca, no se solicita, no se compra; pero es bienvenido en obediencia, no para elevarse a uno mismo –  sino para asemejarse a Jesús.”

En tu ministerio como Obispo, estás llamado a ser padre y hermano en todos los lugares que Dios ponga a tu cuidado, especialmente con los colaboradores de los obispos, los sacerdotes, y los diáconos, pero también, presta una atención especial a los pobres y débiles, a los inmigrantes y a los marginados – las víctimas (hoy en día) de la cultura del descarte y de la globalización de la indiferencia.  Que seas para ellos una imagen viviente del Buen Pastor que vino a salvar a los más débiles, a los más pequeños, a los últimos y a los perdidos.

Se dice que “entre más alto estas más solo te encuentras”. Las personas en liderazgo muy a menudo son objetos de hostilidad y de juicios irreales – y la vida de un Obispo – a pesar de sus horarios tan ocupados y de sus diferentes actividades – puede a veces parecer solitaria. Sin embargo, nunca estamos solos. Nuestra amistad con el Señor alimentada y fortalecida en la oración – siempre debe de respaldarnos y fortalecernos – así como la oración de nuestros fieles y de nuestros sacerdotes.

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