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Clausura de la reunión anual de la Red de Pastoral Juvenil Hispana

Primer domingo de Adviento

Homilía del Arzobispo Thomas G. Wenski en la clausura de la Reunión Anual de Membresía de la Red Nacional Católica de Pastoral Juvenil Hispana en su aniversario veinte de fundada. Primer domingo de Adviento de 2017- Ermita de la Caridad.

Queridos hermanos y hermanas, Reunidos en torno al altar del Señor y a los pies de su Santísima Madre, venerada en este santuario como Virgen de la Caridad, celebramos el gran banquete eucarístico y actualizamos el sacrificio de Cristo en la cruz para darnos vida, y vida en abundancia. Así prolonga el Señor Jesús su presencia en medio de nosotros, siendo nuestro alimento en el camino hacia la patria celestial. Y cada vez que participamos de esta acción de gracias recibimos también como invaluable sostén el pan de su Palabra, que en este Primer Domingo de Adviento nos invita a velar, a  estar atentos y vigilantes, porque no sabemos el día ni la hora en que tendrá lugar nuestro encuentro con Dios.  

Son actitudes que el cristiano está llamado a mantener durante todo el año y a lo largo de toda su vida, pero que de manera especial se nos recuerdan durante este tiempo litúrgico, para ayudarnos a no perder de vista que somos caminantes hacia la casa del Padre, y que el Reino de Dios, que comienza ya en este mundo, tiene su culmen y realización plena en la Jerusalén celestial. Se trata por tanto de una vigilancia activa que ha de sostenerse en la fe y la esperanza, y que debe expresarse necesariamente en la caridad, especialmente hacia aquellos más necesitados. Sólo así es posible estar preparados para ese encuentro definitivo con el Padre de las misericordias. 

El mensaje de la primera lectura esta lleno de esa esperanza, y de un confiado abandono en las manos Dios. En efecto, aunque somos pecadores y muchas veces no acompañamos esa fe vigilante con obras de amor y de justicia, siempre podremos expresar como el profeta Isaías: “Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero; somos todos obra de tus manos.” (Is. 64, 7). Porque de eso trata el Adviento, y toda nuestra vida de fe: en dejarnos moldear por las manos del Padre, que nos ha creado a su imagen y semejanza para que compartamos su vida divina. Es por eso que durante este tiempo de gracia que hoy  iniciamos, las palabras del profeta nos invitan a dejarnos transformar por un Dios, que habiéndonos moldeado con sus propias manos, por puro amor se coloca indefenso en las nuestras, para nacer pobre en la gruta de Belén. Misterio del gran amor de Dios hacia nosotros y que reclama ser correspondido. 

Y ha sido precisamente a las puertas de este tiempo de gracia y bendición, que la Red ha querido realizar su Reunión Anual de Membresía, celebrando al mismo tiempo su veinte aniversario de fundación. Veinte años en los que la Red Nacional de Pastoral Juvenil Hispana, comprometida con la evangelización, y promoviendo la formación y el desarrollo integral de nuestros jóvenes, ha ofrecido y continúa ofreciendo, un invaluable servicio a las diferentes diócesis y a toda la Iglesia de los Estados Unidos. Es por tanto un motivo de alegría para nuestra Arquidiócesis de Miami haberles tenido entre nosotros, sabiendo además que ustedes representan a tantos otros jóvenes, que durante estas jornadas, les han apoyado desde sus respectivas diócesis a través de la oración. Ustedes han podido, a la luz de la labor realizada durante estos años, reflexionar en torno a la realidad actual que viven nuestros jóvenes, para poder dar las respuestas que exigen los signos de nuestro tiempo.  

Aprovecho entonces la oportunidad para felicitarles en este aniversario que están celebrando y por el éxito de esta Reunión Anual. También para animarles en la labor pastoral que realizan en sus respectivas diócesis, así como exhortarles a seguir siendo los discípulos misioneros, testigos del amor de Dios, que nuestros jóvenes hispanos a lo largo de la nación, y nuestra Iglesia, tanto necesitan. Como exhortaba el Papa Francisco al concluir la Jornada Mundial de la Juventud 2013, en Copacabana, Brasil: “No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano o indiferente”. 

Al iniciar el tiempo del Adviento, en preparación a la llegada del Hijo de Dios que quiere renacer en nuestras vidas y en nuestras comunidades, la liturgia nos invita a no desfallecer, a no desanimarnos frente a los difíciles retos que nos presenta la realidad de nuestro tiempo. Una realidad y un tiempo marcados por la violencia de todo tipo, por el peligro de nuevas guerras y la amenaza del terrorismo; por el drama de los refugiados y desplazados en tantas partes del mundo, y también por el temor a la deportación que padecen cada día millones de hermanos y hermanas en nuestra propia nación. Y en medio de estas realidades, al acercarse la celebración de la Navidad, el Señor Jesús nos invita a estar atentos, a velar, a trabajar por su Reino, y nos transmite la certeza de que no estamos solos. En efecto, el Hijo de Dios que nace en Belén, y para cuyo nacimiento nos preparamos, camina  siempre a nuestro lado, fortaleciendo nuestra fe, y dándonos esa esperanza que el mundo tanto necesita, y que nosotros tenemos la misión de llevar a todos sin distinción.  

Que al recibir el Pan de Vida seamos renovados en esa esperanza y fortalecidos en la fe, para que a través de nuestro testimonio de caridad, podamos mostrar al mundo que el amor y la justicia tienen la ultima palabra. Que María, Estrella de la Evangelización, nos anime con su ejemplo e interceda por nosotros. Así sea.

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