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'Con ustedes es un cristiano, pero para ustedes es un obispo'

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski en la instalación del obispo auxiliar Enrique Delgado

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El Obispo-electo Enrique Delgado, de espaldas a la cámara, escucha la homilía del Arzobispo Thomas Wenski. Sentados a ambos lados del Arzobispo están sus con-consagrantes, el Obispo Felipe Estévez de San Agustín y el Obispo John Noonan de Orlando.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Obispo-electo Enrique Delgado, de espaldas a la cámara, escucha la homilía del Arzobispo Thomas Wenski. Sentados a ambos lados del Arzobispo están sus con-consagrantes, el Obispo Felipe Estévez de San Agustín y el Obispo John Noonan de Orlando.

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía en la ordenación episcopal del Obispo Auxiliar de Miami Enrique Delgado. La ceremonia tuvo lugar el 7 de diciembre, de 2017 en la Catedral St. Mary.

En nombre de los sacerdotes, los diáconos, los hombres y mujeres de vida consagrada y los fieles de Cristo de esta Iglesia local que tengo el privilegio de servir como Arzobispo, doy la bienvenida a la familia del Obispo electo. La mayoría de sus 11 hermanos y hermanas viajaron a Miami para estar aquí hoy; su anciano padre verá la ceremonia trasmitida en vivo en Perú, y su madre, por supuesto, la verá desde el cielo... Una cálida bienvenida al nuncio apostólico, Reverendísimo Christophe Pierre, y a los obispos que se unen hoy a mí para imponerle a Enrique las manos y ordenarlo como sucesor de los Apóstoles y miembro del Colegio de Obispos.

Hay un proverbio haitiano que dice: “bourik fè pitit pou do l repoze”. La borrica da a luz para darle un descanso a su espalda. Entonces, como Arzobispo de Miami, estoy muy feliz de que el Papa Francisco me haya dado la ayuda de un segundo obispo auxiliar para compartir con el Obispo Baldacchino la tarea de ayudarme a “pastorear” al pueblo de Dios en el sur de La Florida. Y al llamar a Enrique Delgado al episcopado, el Papa ha elegido a un líder siervo, un humilde pastor de almas y un gran trabajador.

En el evangelio de hoy, Jesús no habla de burros, sino de ovejas y pastores. Él nos dice que él es el Buen Pastor. Recuerdo que una vez, hace años, cuando celebraba Misa para algunos chicos el evangelio de la Misa era el mismo que acabamos de escuchar, se me ocurrió preguntarles qué era un pastor. Aquí, en este Miami urbano, no vemos a muchas ovejas o personas cuya tarea sea atender a las ovejas. De modo que, cuando les pregunté qué era un pastor, la mayoría de los niños me respondió con miradas vacías, hasta que un valiente muchacho levantó la mano y sugirió que un “pastor” era un perro bravo. Entonces, ¿quién sabe lo que estaba pasando por sus mentes cuando les dije que Jesús es el Buen Pastor? Las imágenes religiosas y el lenguaje religioso son difíciles de entender para nuestros contemporáneos. Como solía decir el Cardenal George, “no hablamos el mismo idioma: en la Iglesia utilizamos el lenguaje de la teología y la filosofía, y el mundo habla en el lenguaje de la psicología y la sociología”.

Un obispo, en palabras de San Juan Pablo II, "es llamado de una manera particular a ser un profeta, testigo y siervo de la esperanza”. Esta tarea del obispo tal vez sea más intimidante que nunca debido al relativismo y el subjetivismo que marcan gran parte de la cultura contemporánea. De hecho, el creciente secularismo de nuestra época, al cerrar las puertas al Infinito y por lo tanto a la fuente de toda esperanza, está cambiando la forma en que las personas perciben la realidad, dejándolas confundidas sobre por qué viven y sobre cómo deben vivir sus vidas. La cultura del “aquí y ahora” no deja lugar a la apertura a la trascendencia. A medida que las personas son tentadas a vivir etsi Deus non daretur, como si Dios no importara, se ven cada vez más desprovistas de esperanza, pensando que fueron creadas tan sólo para morir un día.

Momento de la imposición de manos, cuando el Arzobispo Thomas Wenski, invocando al Espíritu Santo, ordena al Padre Enrique Delgado obispo y sucesor de los Apóstoles.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

Momento de la imposición de manos, cuando el Arzobispo Thomas Wenski, invocando al Espíritu Santo, ordena al Padre Enrique Delgado obispo y sucesor de los Apóstoles.

Como siervo de Jesucristo para la esperanza del mundo, el obispo debe estar lleno del coraje de la humildad, sin preguntar lo que la opinión prevaleciente dice de él, sino siguiendo el criterio de la verdad de Dios y tomando su posición en consecuencia, sea oportuna o no. Tal obispo fue San Ambrosio, cuyo día de fiesta la Iglesia conmemora hoy. Al igual que San Ambrosio, un obispo busca “discernir, dondequiera que ejerza su ministerio, los signos de vida que pueden desarraigar las semillas de la destrucción y la muerte. La esperanza lo sostiene a medida que transforma los conflictos en una oportunidad para el crecimiento y la reconciliación”. (Pastores Gregis)

Tal como un buen pastor debe conocer a sus ovejas y, como dice el Papa Francisco, tener el olor de las ovejas, un obispo debe conocer a su pueblo y estar cerca de éste; pero, igual de importante, debe conocer a Cristo y estar cerca de Él para que la gente pueda reconocer, en él y por medio de su ministerio, a Jesucristo, que es el pastor de pastores, el que da su vida por sus ovejas.

Mi hermano Enrique, la liturgia de la ordenación episcopal interpreta las características esenciales del ministerio de un obispo en las preguntas que te propondré en breve. Te preguntaré ocho veces: “¿Resuelves...?” Cada pregunta exige de ti una declaración de tu intención: tu disposición a emprender lo que se te pida; y cada pregunta señala un camino para que sigas en el ejercicio de tu ministerio episcopal: ¿Y qué se te pide? ¿Cuáles son esos caminos a seguir? Se te pide que prediques el Evangelio de Jesucristo; marchar a la cabeza y dirigir al pueblo de Dios; se te pide que enseñes la herencia sagrada de nuestro pasado; defender y promover la unidad doctrinal de los fieles; mostrar misericordia y caridad a los necesitados y los pobres; se te pide que ores sin cesar. Estas preguntas establecen ante ti una hoja de ruta o un itinerario que debes seguir en el ejercicio de tu oficio episcopal.

Enrique, recordando que el título de obispo es un título de servicio y no de honor, que sea tu mayor aspiración el ser consumido —no para quemarte, sino para ofrendarte— para sacrificarte por el Señor y por el bien de cada hermano y hermana confiados a tu cuidado pastoral.

Mi querido pueblo, el llamado a la orden del episcopado es un abandono total al misterio de la Cruz: al misterio del Amor. Es una muerte para uno mismo. Cristo, al tomar su cruz, transformó la violencia externa del acto de crucifixión en el acto de entregar su vida por los demás.

Actuando como padre, hermano y amigo de todos, el Obispo Enrique Delgado se pondrá de pie en medio del pueblo de Dios como una imagen viva de Cristo, nuestra esperanza, en quien se cumplen todas las promesas de Dios y todas nuestras expectativas. Para citar a San Agustín, el más distinguido converso de San Ambrosio, con ustedes es un cristiano, pero para ustedes es un obispo. Respétenlo, ámenlo y oren por él, para que su ministerio como obispo entre nosotros sea fructífero.

Enrique, como obispo, sigue el ejemplo del Buen Pastor, convencido de que, en las palabras de San Pablo que elegiste como tu divisa episcopal, puedes hacer “todas las cosas en Cristo, que te fortalece”.


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